El incremento desordenado de purificadoras de agua y los riesgos que puede representar el consumo de agua mal purificada, ha generado que la Secretaría de Salud intensifique la vigilancia sobre estos establecimientos en todo el estado.
Edy de Jesús Constantino Acuña, responsable del área de capacitaciones de la subdirección de salud ambiental, aseguró que la transparencia del agua no garantiza su pureza, explicó que las inspecciones ya no se limitan al producto final.
Revisión intensa
Ahora los verificadores revisan desde la limpieza de los garrafones y el estado de los contenedores hasta el mantenimiento de equipos clave, como los filtros de carbón activado y los sistemas de luz ultravioleta u ozono.
Cualquier falla en esos procesos puede derivar en enfermedades gastrointestinales para los consumidores.
Uno de los mayores desafíos, reconoció el funcionario, es la informalidad, muchas purificadoras carecen de permisos actualizados o no se someten a auditorías periódicas, lo que dificulta el control sanitario.
Frente a este panorama, las autoridades advierten que los establecimientos que no aprueben los análisis de laboratorio en sus muestras de agua enfrentarán sanciones e incluso suspensiones definitivas.
Es un compromiso ético
Constantino Acuña hizo un llamado a los dueños de estos negocios, señaló que cumplir con la normativa no es solo una exigencia legal, sino un compromiso ético con la comunidad.
Capacitar al personal en buenas prácticas de manufactura, mantener el orden en las instalaciones y garantizar un sellado impecable de las tapas son pasos indispensables para operar con responsabilidad.
Para los consumidores recomendó antes de comprar agua, verificar que el establecimiento exhiba sus certificados sanitarios y que el lugar ofrezca señales visibles de limpieza y orden.
El ahorro económico en purificadoras de dudosa procedencia, insistió el especialista, puede terminar costando muy caro en términos de salud familiar.











