"Hoy entra en vigor el nuevo Reglamento de Tránsito Metropolitano. Uno de cada cinco mexicanos lo vivirá cotidianamente; los otros cuatro, cuando vengan a la capital, tendrán que respetarlo. El sistema de puntos representa una encrucijada que puede ordenar la convivencia -no sólo en materia vial- o ser un botín para encarecer los sobornos de malos policías. Trabajemos para que sea lo primero, para abonar en favor de una cultura de la legalidad, donde conductores y autoridades cumplan lo establecido.
Entramos en una etapa de instrumentación de una normatividad que, como todas las hechas por los seres humanos, seguramente tendrá deficiencias, pero será perfectible, por lo que deberá ajustarse sobre la marcha para hacerse cada vez más compatible con la realidad.
En principio se temen abusos de policías por ambigüedades del reglamento, relativas a las ofensas a la autoridad, por ejemplo, y el uso de celulares mientras se conduce, pero no deberíamos temer a las multas si hay evidencias -como las que hoy se enumeran en la sección de Cultura- que documentan el riesgo de usar esos aparatos en el vehículo.
Esta idea de interiorizar reglamentos basados en mejores prácticas es precisamente donde comenzará el reto de todos, evitando la corrupción y protegiendo la seguridad al manejar, no sólo la propia sino la de los demás.
Se han anunciado programas para evitar tropelías de los agentes de tránsito, que son en realidad iniciativas limitadas, si se toma en cuenta lo desproporcionado que sería ""vigilar al vigilante"", cuando todo lo que se requiere es aplicar la ley en correcto sentido.
El hecho de que en más de 40% de accidentes de tránsito mortales esté involucrado el alcohol o las drogas nos obliga a ser estrictos en la aplicación de la ley y en el retiro de la licencia a quien muestre reiteradas multas al respecto. El ano pasado murieron en la capital de la República mil 373 personas en percances viales, en los que se violaron artículos del Reglamento de Tránsito.
Construir esa cultura de la legalidad en el ámbito más inmediato de la convivencia social en este que es el primer contacto de los ciudadanos con algún nivel de autoridad no es un asunto subestimable porque la cultura permea, lo cual no está mal en un país donde mucha gente busca evadir la ley, no pagar impuestos, vender piratería, violar reglamentos de construcción, alterar ecosistemas, traficar con armas y drogas, etcétera.
Tenemos que aprender a vivir en sociedad, tolerarnos en los condominios, en los espacios públicos de los cuales cada vez tenemos menos metros cuadrados y que son ahora los puntos de choque más frecuentes entre capitalinos y mexiquenses, según datos de la Procuraduría Social del Distrito Federal.
Mejor todavía, la actitud de sana convivencia social es algo que debe inculcarse a los jóvenes y ninos, para que crezcan con ejemplos edificantes de respeto ciudadano. Ellos de momento no manejan autos, pero ven cómo el padre o la madre se para en doble o triple fila o cómo intenta corromper al policía. No debemos dar una vuelta prohibida para acendrar la ilegalidad; usemos, no abusemos de nuestro nuevo Reglamento de Tránsito Metropolitano. (El Universal)
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