Como cada año, los penitentes de Chiapa de Corzo suben y rodean la zona Altos para ir en busca de la flor de niluyarilu, traerla y construir el nacimiento en la Iglesia del Calvario en honor al niño florero.
Regresan “fortalecidos” en una tradición antiquísima que data desde hace 500 años, de acuerdo con algunos historiadores.
La salida fue el 14 de diciembre con un “azote del fuete” por parte del patrón de los Floreros, don Tomás Nigenda Sánchez, quien durante 27 años ha ocupado este puesto.
Con antelación llegan a inscribirse un total de 500 personas, de las cuales 150 son niños, que se trasladan al panteón municipal a visitar a los patrones fallecidos para luego ir a la iglesia y realizar una breve ceremonia; lo último es partir en busca de la flor sagrada.
La promesa de ir a cortar la flor de niño o de la montaña; la hacen campesinos, obreros, estudiantes, profesionistas y niños, todos con devoción se anotan para ir a la topada de la flor como muestra de agradecimiento a Dios por los logros obtenidos durante el año de un pueblo que es bastante católico.
Cubren los cerros de Mitzintón, Multajo, Navenchauc; llegan a un paraje o rancho llamado El Rodeo para luego descansar en El Nanche y finalmente bajar a la cabecera municipal de Chiapa de Corzo, en donde tiene que estar listo el nacimiento el 24 de diciembre para recibir la Navidad y celebrar a Jesús.
Dentro de su travesía cortan la flor y pasan al templo de San Lorenzo en el paraje de Navenchauc, Zinacantán, en donde aprovechan para acomodar la flor sagrada y cargarla para el día siguiente en sus mecapales.
El cansancio, sudor y lágrimas se apoderan de los floreros que cargan en sus espaldas más de 50 kilos, pero la fe les da fuerza para continuar su andar entre el monte bajo el incesante sol.
Un respiro lo obtienen al llegar a El Rodeo, en donde al compás del tambor y carrizo sacan de nueva cuenta al niño florero que traen cargando en su recorrido y realizar sus oraciones para llegar con bien a Chiapa de Corzo, en donde se construirá el nacimiento en el templo del Calvario.
Culminando con esta actividad, los penitentes cumplen la promesa que año con año realizan en la que recobran las fuerzas para continuar sus actividades, con salud y bienestar para sus familias.












