“Olía muy feo, como a fétido, entre animales muertos, basura, lodo, todo olía muy feo”, dice Oswaldo Martín Rosales Hernández, uno de los voluntarios chiapanecos del segundo grupo de socorros que fue en apoyo al operativo del huracán Otis, con la coordinación nacional de la Cruz Roja Mexicana (CRM).
Los nueve voluntarios realizaron una ardua labor en Acapulco y localidades circundantes durante más de 15 días. Gustavo y Oswaldo relatan su experiencia de acudir como apoyo a la zona cero de Guerrero, que sufrió el impacto de un huracán categoría 5, uno de los más devastadores que ha impactado el territorio nacional.
Testimonios
Rosales Hernández explicó que partieron el 3 de diciembre rumbo a Guerrero; a pesar de que en la mencionada entidad ya estaban trabajando corporaciones como la Guardia Nacional, el Ejército y la Cruz Roja, Acapulco continuaba como una zona de desastre.
“El primer día que llegamos fue impresionante todo lo que vimos: había cosas destruidas, las personas estaban tristes y en la calle”, resaltó Oswaldo.
Gustavo Alexander Coello Nájera fue voluntario de la delegación de Tuxtla Gutiérrez y al llegar a la ciudad de Acapulco fue asignado a diferentes tareas; le tocó el área de cocina, por lo que su primer contacto con la ciudad, subraya, “fue algo caótico, y eso que ya había pasado un mes desde el golpe que tuvo la zona; cuando nos trasladamos hacia el lugar donde nos íbamos a hospedar pudimos notar el desastre que había en todo Acapulco, las principales zonas hoteleras se veían destruidas, al igual que las calles”.
Y, continúa, “a mí me impresionó mucho dos cosas: un centro comercial y un estadio de beisbol; el estadio quedó completamente obsoleto y destruido, el centro comercial sufrió demasiados daños, lo que era una parte de un Cinemex quedó completamente inservible”.
Voluntarios
En Acapulco están trabajando cerca de 400 voluntarios de la CRM de todo el país, bajo una constante evaluación en las labores del terreno. Entregar despensas, realizar platillos, ver que todo esté en orden y brindar atención médica, fue el día a día de estos nueve valientes chiapanecos.
Gustavo Alexander resaltó su labor en la cocina de la CRM; dijo que las atenciones eran variadas, “a veces había días en que llegaban hasta mil personas a comer, a veces eran como 300 o 400 personas, y estamos hablando en un lapso donde iniciamos el comedor a la una y lo terminamos a las 2:03 de la tarde”.
“En tan poco tiempo teníamos que juntar todos los platillos, teníamos que estar pensando, no solamente la comida y a las personas a las que se les iba a brindar, también estar pendiente de que esté todo lo necesario para que lleguen los alimentos a nuestra delegación”, detalló.
Desastre
El pueblo guerrerense sufrió uno de los embates meteorológicos más importantes en los registros históricos, las perdidas continúan siendo invaluables; pero el calor de los voluntarios de la Cruz Roja se sintió en las personas.
“Muy agradecidas, las personas nos abrazaban, unas se ponían a llorar, a reír de agradecimiento, de tristeza y de felicidad”, señaló Oswaldo.
En lo que respecta a la convivencia de los chiapanecos, Gustavo Alexander explicó que no se conocían, pues eran de diferentes delegaciones, pero en los 15 días de convivencia forjó amistades.
“Fuimos haciendo más compañerismo, aprendiendo los unos de los otros, contando nuestras experiencias de las actividades que desempeñamos, era emocionante el hecho de decir: yo alcancé a hacer esto, yo me encargué de hacer aquello, y hubo una unión que siempre ha caracterizado a la Cruz Roja”, expuso.
“Nunca hubo ninguna pelea, ningún inconveniente, siempre fue la convivencia muy bonita, muy agradable, muy grata; y lo mejor fue poder haber ayudado a las personas, esa es la experiencia más grande”, concluyó.












