Reivindicar la provincia

"Luis Sánchez Barbosa * El Universal. México se defiende, con cierto complejo, de la fama que algunos medios de comunicación extranjeros se empenan en opacar. Seamos sinceros: somos débiles ante la crítica. Una senal de que México no es tan fuerte y de que en la crítica hay algo de razón. No es más que el precio que paga un país cuando decide cambiar por necesidad y no por convicción. Llegar tarde ha sido nuestra constante durante mucho tiempo. A finales de los anos 80 y principios de los 90, Sinaloa modificaba silenciosamente sus hábitos debido al cruel paso del narcotráfico. Defendía también, sin complejo, la fama que su propio país construía sobre ella. No negaba la realidad: la marca que el narcotráfico dejó en la región no fue modesta y continúa delineando la vida diaria. Sin embargo, la sociedad civil reclamaba su espacio, el que la violencia le arrebató. En esa época a nadie le interesaba que una parte del todo se infectara. Hasta la fecha no ha superado el estigma de ser una ciudad violenta. Sin embargo, sus victorias han sido tímidamente documentadas.

En Chiapas, el reclamo de que un país distinto existe fue excluido durante muchos anos. Los resultados son conocidos por todos: comunidades autónomas que buscan sus propias formas de expresarse en un país que no los reconoce. Para la mayoría de residentes de la ciudad de México, la provincia es un territorio desconocido. Nos encontramos ante un país que cuenta con un pasado y un presente común, pero especialmente con un futuro a compartir y no se conoce.

La omisión no ha sido gratuita. Ningún presidente de la República ha sido capaz de dar coherencia y cohesión a un país con una geografía tan compleja. Más allá de los mitos de la Revolución, la solidaridad y los colores de la bandera, en México la provincia ha vivido alejada de los eventos que el centro atribuye como relevantes para la historia de la nación (como el temblor de 1985). México hoy más que nunca se encuentra en medio de una crisis de identidad profunda.

Es curioso que un país no se conozca ni se reconozca en sus diferencias. Un país que no entiende que la unidad sin uniformidad alienta la experimentación es poco creativo. El centro ha manifestado mucho complejo e incapacidad en esta omisión. Complejo al aceptar que todo emana de él y deriva en él. Incapacidad al caricaturizar la provincia y definir los límites geográficos del país a su comodidad.

Pero, zpor qué hablar de ""provincia"" y no de estados de la República tal y como la Constitución lo senala? zPara qué usar un término en desuso y muchas veces utilizado en tono despectivo?

Hablar de estados de la República es hablar de una problemática constitucional: el federalismo. El federalismo ha sido una aspiración desde los primeros pasos del México independiente. Ha quedado plasmado en varias constituciones, incluyendo la de 1917. No obstante, el federalismo ha sido más nominal que real a lo largo de las décadas. Hoy los márgenes de libertad de los estados son enormes. Aun así, nuestro federalismo tiene rasgos de viejo feudalismo.

En cambio, la provincia es y ha sido un concepto ambiguo e incómodo. El término y su empleo se han vuelto desfavorecidos. La ""provincia"" no es otra cosa que el territorio dentro del país a excepción del de su capital. Define en buena parte muchos de nuestros complejos hacia el exterior y el interior. Ofende a los habitantes de dichos estados y arropa la ignorancia de los capitalinos al agrupar un conjunto diverso en una palabra. Sin embargo, la provincia es un nombre y, como tal, su existencia no pertenece a ninguna época. La provincia define un ámbito geográfico y representa, al igual que la sociedad civil, un conjunto complejo y heterogéneo de prácticas culturales, económicas e institucionales. En su libro Una idea de Europa, George Steiner explica que la geografía dificulta el progreso y la comunicación de los pueblos: ""Un paisaje difícil de domesticar complica el diálogo"". Nuestra geografía ha respondido a esa dinámica. Sin embargo, también ha generado que la ""periferia"" (la provincia) se convierta, por necesidad, en un centro de imaginación.

La provincia es un laboratorio de cómo nos relacionamos con la diferencia. Son también laboratorios de ideas muy valiosos, capaces de dar un cauce más democrático al país. Hemos volteado la mirada al mundo en busca de otras experiencias para resolver nuestros problemas. zPor qué no abocarnos a las experiencias exitosas de nuestra provincia? Son lugares en donde hay esfuerzos llenos de imaginación. Es necesario dar coherencia y cohesión a ese esfuerzo. Incentivar el verdadero diálogo entre nuestras regiones y territorios. Reivindicar la provincia de alguna manera, a pesar de su diversidad, de sus carencias, de sus malos gobernantes, de sus limitantes, de sus ideas retrógradas, etcétera.

La desidentificación política y la pérdida de confianza en las instituciones democráticas, la cada vez más frecuente demanda de justicia, la erosión de la idea de pertenencia comunitaria, el desencanto de la sociedad por el quehacer político y la constante amenaza, de algunos estados, de regresión histórica en materia de derechos sociales y económicos exigen nuevas ideas y pluralismo territorial. La premisa es sencilla: necesitamos ideas y el pluralismo territorial da pie a un pluralismo de éstas.

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