Renegociar... za cambio de qué?

"Parecería en principio una proposición simple: renegociar el capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para evitar lo que algunos creen será un desastre para los agricultores mexicanos.

Pero a veces las cosas simples no son tan sencillas. Renegociar el tema no es problema; en acuerdos comerciales internacionales las cosas no son tan lineares y mucho menos cuando como en este caso la otra parte defiende intereses propios que resultarían afectados.

Las demandas de algunos grupos son como música para los oídos de políticos en Estados Unidos, que han hecho del acuerdo el ""chivo expiatorio"" para la mayoría si no todos los males de la economía estadounidense, desde la fuga de empleos hasta los problemas de la clase media y su sensación de inseguridad económica. De hecho, todos los aspirantes presidenciales demócratas -excepto Bill Richardson- se han pronunciado por la renegociación del TLC. Otros políticos, influyentes pero de menor cuantía y visión, como el senador Byron Dorgan o los congresistas demócratas Nancy Kaptur y Dennis Kucinich y ""ultranacionalistas"" como el activista de derecha Pat Buchanan o el mercachifle Lou Dobbs demandan la renegociación de partes que según ellos afectan a los estadounidenses.

En ese marco, la pregunta para nuestras autoridades -y para los demandantes mexicanos de renegociación también- es igualmente básica: renegociación za cambio de qué?

Para cualquiera que espere una revisión ""justa"" apegada a nociones éticas y de libre juego, habría que recordar que ""la otra parte"" tiene también sus propias nociones de qué hacer y por qué hacer. Y en este caso, hay además demandas a México y al gobierno mexicano por agricultores o intereses que resultarían afectados. Un gobierno como el mexicano, que llega a la mesa de negociaciones con una considerable presión de opinión pública, se vería forzado a hacer concesiones en otras áreas. Después de todo no es accidente que la agropecuaria sea una de las áreas más protegidas y fuertemente subsidiadas por el gobierno estadounidense. Nadie quita razones a quienes demandan en México cambios en el capítulo agropecuario, pero tuvieron más de diez anos para prepararse, para buscar nuevas fórmulas de organización que permitieran la competencia en gran escala o para presionar por apoyos para mejorar la productividad. Y si el gobierno pareció quedarse cruzado de brazos, muchos legisladores se quedaron como siempre en la vocalización y los dirigentes agrícolas, incluso esos que hoy demandan boicots y se tiran de los cabellos para hablar de una autosuficiencia alimentaria que hace anos no existe, se concretaron simplemente a ""advertir"".

Ni unos ni otros estuvieron a la altura y ahora se ven bajo presión para pedir una reevaluación a socios comerciales que ven únicamente sus propias ventajas; otros deberán enfrentar la responsabilidad de demandar una renegociación sin saber qué es lo que se deberá dar a cambio y todos el haber dejado pasar una oportunidad para mejorar la organización del campo, crear cooperativas o asociaciones de producción.

La cuestión en todo caso es la misma que siempre ha plagado al campo mexicano. Su actual forma de organización ya no funciona y no puede competir excepto en términos de autoconsumo o de entregar un producto caro a los consumidores.

Sin un proyecto serio, cualquier renegociación o posposición de acuerdos internacionales sólo permitirá mantener el actual status quo y lo que es ya un prolongado deterioro.

En esas condiciones, el gobierno tal vez no tenga más opción que acceder a la renegociación, pero tal empresa no debe darse sin un cuidadoso an*lisis de sus costos para el país y lo que podr* o deber* hacerse para resolver la situación de un campo enfermo de ineficiencia y líderes inútiles... (El Universal)

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