Rescatar al DF

En buena hora, las autoridades entrantes y salientes del Distrito Federal elaboran un proyecto para rescatar espacios públicos de la capital de la República, sobre todo donde hay un alto índice de criminalidad y mayor concentración demográfica.

Son los espacios públicos abiertos, los parques y jardines, donde los habitantes de una urbe gigantesca tienen oportunidad de encontrarse, verse unos a otros como iguales, departir y conocerse o al menos convivir gratamente, algo que se pierde en el bullir de la intensa vida citadina.

El trabajo se inició hace seis meses con experimentos en las colonias Nueva Atzacoalco, de la delegación Gustavo A. Madero; Las Cruces, en el cerro del Judío, Magdalena Contreras; Parrés, en Tlalpan; las colonias Agrícola Oriental y El Paraíso, en el Penón Viejo, ambas en Iztapalapa. La gente necesita banquetas amplias para transitar y los ninos carecen de sitios arbolados suficientes para jugar.

La ciudad no puede ser una sucesión interminable de arroyos de asfalto y viviendas de hormigón sin remansos de paisaje urbano para el reposo y deleite de sus habitantes, trabajadores, estudiantes y servidores.

Pensar en ello es una parte esencial de la tarea del gobierno del Distrito Federal, indudablemente. Es más fácil compartir una ciudad bella y armónica que una urbe concebida solamente como taller y dormitorio. Más que nunca, el Distrito Federal merece el amor de quienes viven en ella.

Pero, por supuesto, la concepción ornamental y recreativa del Distrito Federal no puede anteponerse a la resolución de los problemas fundamentales de la ciudad, que no han sido debidamente encarados o se han postergado.

Surgen, en primer lugar, el de la seguridad y el transporte, que cuestan vidas, bienes patrimoniales y tiempo a los capitalinos. Y en estos días ha sido evidente la insuficiencia de los sistemas de desfogue pluvial, urgidos de inversión desde hace un decenio. Con el drenaje profundo y la limpieza constante de las canerías, creíamos que las inundaciones serían cosa del pasado. Ahora han vuelto a cobrarse nuestras imprevisiones.

En sentido contrario, la falta de agua es crítica en delegaciones como Iztapalapa, y se raciona en gran parte de la ciudad; el ambulantaje es, ciertamente, uno de los grandes problemas que aquejan a la ciudad de México. Los jóvenes necesitan más espacios para hacer deporte y salas para estudiar, leer, jugar ajedrez, conversar, oír música o debatir sus temas. Están acosados por el narcomenudeo, la delincuencia mayor, que incluye la prostitución.

Por otra parte, es cierto, en el área de la cultura se ha hecho un gran esfuerzo, pero una tarea de continuidad y mantenimiento cultural queda pendiente para el siguiente gobierno.

Con la finalidad de que todo ello prospere, se requiere un entorno saludable y seguro, cordial y solidario. Es por esto que hacer agradable y vivible al Distrito Federal no sólo es una tarea indispensable, es una responsabilidad que debe ser asumida de forma permanente.

El resto de las tareas son una parte de la agenda que deberá cumplir el nuevo gobierno de la más populosa ciudad del mundo. (El Universal)