La obtención de una ciudadanía o residencia fiscal en otro país puede ser una estrategia efectiva para la diversificación de inversiones, y con ello proteger y maximizar los rendimientos que una persona pueda tener en un ejercicio fiscal, sin embargo, es esencial realizar una planificación adecuada.
El contador público fiscalista, Néstor Gabriel López, comentó que se debe tener el asesoramiento adecuado para resolver las complejidades legales y fiscales involucradas en este modelo para lograr el éxito deseado.
Explicó que, una residencia es un estatus temporal sujeto a condiciones, que se puede volver permanente. Se otorga cuando una persona cumple con ciertos requisitos de un país para poder tener el derecho de vivir y desarrollarse libremente en su territorio.
La ciudadanía es un estatus irrevocable, te hace nacional de un país y da derechos plenos e irrevocables, como a votar por las autoridades, tener un pasaporte, a la protección del Estado.
Obligaciones fiscales
Por la residencia fiscal, indicó que si bien está vinculada con la residencia y la ciudadanía es aparte, significa que un país considera que para todos sus efectos es un contribuyente y tiene obligaciones fiscales dentro de su territorio.
La residencia fiscal mexicana está regulada en el Artículo IX del Código Fiscal de la Federación, que fue reformado en 2021 cambiando ciertos parámetros. Se consideran residentes fiscales mexicanos todas las personas de nacionalidad mexicana.
También los que tengan su casa habitación en México y cuando tengan dos casas habitaciones en dos países distintos, cuando el 50 % de sus ingresos vengan del país o cuando sus actividades profesionales o centro de intereses vitales se encuentre en el territorio.
A partir de la reforma dice que, una persona mexicana que se considera residente fiscal no va perder su residencia fiscal si se va vivir a otro país, solo debe cumplir ciertos requisitos y plazos.












