Retorno a clases estuvo de llanto

El retorno a clases en Tuxtla estuvo de llanto, literalmente. Lloraron padres e hijos al separarse por primera vez, en los jardines de niños. Lloraron muchos de coraje, por el caos vehicular. Más de 100 mil autos compitieron contra 250 agentes de Vialidad.

La pequeña Hilary prometió no llorar. Su madre también. Y ninguna cumplió la promesa.

–Hija, estaré afuera, tras el portón, no te preocupes. Ya sabes, si no lloras te daré un premio.

La niña entró al salón del Jardín de Niños, y cuando su madre se dio la vuelta, ambas soltaron el llanto.

Es duro cuando el ser amado da la espalda. Es terrible cuando la autoridad hace lo mismo con sus gobernados, a quienes se debe.

Tuxtla debía tener calles fluidas en el retorno a clases. Y no fue así. La práctica le dio la espalda a la teoría. Los agentes de Vialidad no fueron suficientes.

Solo 80 por turno, muchos de los cuales estaban apostados en las entradas y salidas de algunas escuelas de la capital. No podían estar en todas partes al mismo tiempo.

Y es así como varios cruceros, donde se realizan cambios de semáforos, fueron caóticos.

Las obras viales en la avenida Central, entre 11 y 13 Oriente, así como en la 4a Sur, entre Calzada Samuel León Brindis y 17 Oriente, también pusieron su granito de arena.

Rostros duros, tensos por el estrés, se observaban por doquier.

Una madre jalaba a sus hijos, corriendo. Se le hizo tarde. Sin medir el peligro, cruzó el Libramiento Sur bajo el puente peatonal. No había tiempo para subir. Con el uniforme de fuera, los pequeños llegaron a la Escuela Primaria Justo Sierra, en la Colonia Francisco I. Madero.

Y mientras todos corrían por doquier, un taxi, el número 2358, marcaba la diferencia. Iba a 40 kilómetros por hora, sobre el libramiento Sur, mientras los demás casi volaban a 90.