Crear nuevos empleos, en particular para los jóvenes, reducir la pobreza y el trabajo informal, promover el crecimiento de la clase media, así como ofrecer un acceso equitativo a las oportunidades, deberían ser a partir de ahora, los indicadores para medir el éxito macroeconómico, esto, de acuerdo con que ha planteado la Dirección General de la Organización Internacional del Trabajo, la cual encomia la contribución que en este sentido puede tener el Pacto Mundial para el Empleo -de ese mismo organismo- como instrumento útil en este proceso, el cual propone una serie de iniciativas en respuesta a la crisis que los países pueden adaptar a su situación y a sus necesidades específicas.
Tras hacer un llamado a redefinir las prioridades y convicciones políticas de los gobernantes, debido a que se centran en las finanzas y no en las cuestiones sociales, el organismo innternacional especifica que estas medidas incluyen sostener a las empresas, conservar el empleo de los trabajadores, y acelerar la creación de puestos de trabajo y la recuperación del empleo, junto a la protección social, especialmente para los más vulnerables.
Indudablemente que el exhorto que ha hecho este organismo continental tiene especial importancia en un país como el nuestro, que se halla en pleno proceso electoral para renovar a sus más altas autoridades en los Poderes Ejecutivo y Legislativo, pero no sólo para quienes tienen la posibilidad de acceder a los diferentes cargos de responsabilidad, sino primeramente para la sociedad en general, para que entre las opciones que se le abren dentro del abanico electoral, tome la mejor determinación.
Por más indispensable que sea, el crecimiento no puede seguir siendo el criterio fundamental de la economía mundial, sostiene este organismo al hacer argumentaciones sobre la insuficiente sensibilidad hacia los individuos, las familias y las comunidades que se observa hoy en día en no pocos gobiernos y regiones, en las que los individuos miran sin comprender inmejorables cifras macroeconómicas mientras que su propia economía se hace polvo con tarifas y costos que nunca terminan de elevarse.
No es fácil ni para los administradores o gobernantes ni para quienes tienen la obligación de elegirlos, encarar lo que representan estos retos, sin embargo no hay más opción.











