'Revolucionar' la educación

El avance educativo, científico y tecnológico, en suma, el cultivo de la inteligencia humana, es la principal palanca del progreso que ha dado a los países supremacía mundial. En esa competencia estamos en el último sitio de las mediciones internacionales, como lo han probado las evaluaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre otras agrupaciones.

Para los educadores, todo es cuestión de presupuesto, que se destina principalmente a salarios y prestaciones. Por supuesto, importan los recursos para sobrepasar los dos mil 378 dólares de inversión mexicana por estudiante de educación básica, cuando el promedio recomendado por la OCDE es de cinco mil 313 dólares.

Pero hay muchas otras cosas que considerar, por ejemplo, lo que vamos a ensenar y cómo lo vamos a hacer.

Por más vueltas que le damos no logramos elevar satisfactoriamente la calidad de la ensenanza. Para decir lo menos, los resultados son dispares.

Esta semana, con motivo del Día del Maestro, el próximo jueves, el presidente Felipe Calderón Hinojosa y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), de la lideresa Elba Esther Gordillo Morales, pretenden anunciar una alianza nacional para mejorar la calidad de la educación, reducir la desigualdad y fortalecer la escuela pública.

El esfuerzo merece atención, porque ninguna reforma tiene futuro sin la resuelta concurrencia de los maestros, abusivamente alejados de las aulas por tareas políticas y electorales.

No sólo está urgido de reestructuración el sistema educativo nacional, sino que requiere que sus diferentes etapas sean debidamente articuladas y faciliten el flujo estudiantil, en lugar de estorbarlo.

Acciones como la anunciada han tenido logros notables en el sector educativo, como la promoción editorial, en tiempos de José Vasconcelos, la campana de alfabetización, de Jaime Torres Bodet, y la creación de miles de bibliotecas y distribución de libros, con Jesús Reyes Heroles.

Es en verdad hora de poner al día los contenidos educativos, a tono con las necesidades del momento, como la obligatoriedad del bachillerato ya pactada, pero también de corregir contradicciones al proceso de descentralización administrativa como la concentración de decisiones en materia educativa en manos del SNTE.

Sobre todo es imprescindible que los maestros se dediquen a educar mejor, para que los alumnos no adquieran ideología ni mera acumulación de conocimiento y cultura, sino ética. (El Universal).