Ricardo Bucio Mújica * El Universal

"Utopía, esperanza y posibilidad



""En estos tiempos convulsos... para la sensación de muchos de pérdida de la brújula y de una especie de anomia total de la vida social, cultural y política, parecería absurdo hablar de utopía y esperanza"": Son palabras de Cecilia Loría, antes de su muerte.

¿Cómo construir en el contexto que vivimos utopía y esperanza? Justo porque hay propósitos humanizantes frente a conflictos y situaciones deshumanizantes, y se tiene la certeza de que el valor de la vida es ilimitado y de que no estamos hechos para la desigualdad.

Utopía y esperanza en que las niñas y los niños podrán volver a salir a la calle solos. En que los hombres podemos y debemos ser feministas. En que la ética debe ser decisiva en la política. En que la discriminación se erradica, y no se institucionaliza. En que podemos vivir como ciudadanos de alta intensidad.

Utopía y esperanza son convicciones y construcciones personales y colectivas, que no dependen de lo que es, sino de lo que queremos que sea. Y creo requieren al menos tres aspectos.

El primero es no asumir como normal lo anormal. Aprenderlo de niñas y niños que miran al mundo con asombro, descubriéndolo, interrogándolo y tratando de comprender por qué pasa lo que pasa. Ante situaciones como la inseguridad y el miedo, que coartan la libertad y promueven una lógica permanente de defensa, tienen una expresión de incertidumbre y cuestionamiento.

Son capaces de detectar lo anormal de la vida cotidiana: aunque no sepan explicarlo o conceptualizarlo. Pero saben, desde la sabiduría de estar todavía conectados con su interior, que no es normal la corrupción, el abuso, la pobreza, el temor y la inseguridad. Que no es normal que la diversidad sea motivo de discriminación, ni que la pederastia se encubra, ni que ser mujer haga posible ser víctima de violencia y ser pobre.

El segundo es comprender que, de muchas maneras, somos los otros. Que las experiencias, miradas, recuerdos y aprendizajes, no solamente van pasando de generación en generación, sino a través de los sentidos van pasando de persona en persona sin apenas darnos cuenta. Que nos construimos desde el vientre materno, y cuando al nacer nos miran unos ojos que reconocemos, o cuando sentimos afinidad con alguien antes de saber siquiera qué está pasando.

Que vamos recogiendo significados y a la vez esparciéndolos, y en cada movimiento hay de fondo una búsqueda de respuestas al sentido de la vida. Que al construirnos mutuamente nos pertenecemos y, paradójicamente, somos más libres. Y que, además, también somos la belleza de la montaña y del desierto, la soledad y el miedo, la esperanza y el silencio, y también la sinrazón.

Y el tercero se refiere a construir a partir del encuentro con el diferente, no con el igual. Moshe Dayan decía que si queremos la paz debemos dialogar con nuestros enemigos, no con nuestros amigos. Que la paz no tiene que ver solamente con la seguridad pública y con la ausencia de violencia institucionalizada. La paz tiene que ver con la no violencia entre las personas, sobre todo entre la gran mayoría que está en contra de la violencia y de la criminalidad.

Y pareciera que la paz, la posibilidad de transitar, de trabajar, de forjarse el presente y el futuro en calma, sólo depende de las autoridades públicas. Claro que sí. Pero también está en la posibilidad de cada persona de relacionarse con quienes pertenecen a otra Iglesia, a otro partido, a otra ideología, o que son de alguna forma diferentes. Pasa por el diálogo y por la tolerancia, por el respeto y la promoción de los derechos y libertades, y no por la descalificación o la estigmatización, que parecen ser el deporte nacional.

Utopía y esperanza son posibles porque las mujeres sostienen la vida de todas las formas posibles, con amor y coraje. Porque siguen las fiestas, las bodas, los rezos. Porque cada cruce se llena cada día de personas que esperan y necesitan algo mejor, y en los hospitales, oficinas y escuelas sigue habiendo encuentro y diálogo. Porque la historia de este país no se construye sólo en oficinas y congresos, sino en los gozos, esfuerzos y sufrimientos que cada día se dan de tantas formas en cada una de sus calles, sus parcelas, sus rincones.



Presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación

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