Río Negro

Tras advertir que la invasión de la Cuenca del Río Negro viola el decreto que estableció el lugar como Reserva de la Biosfera, en días pasados la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas reiteró su negativa a la regularización de tres asentamientos ubicados en dicha Reserva de la Biosfera de los Montes Azules.
Quienes hablan por los campesinos que se hallan asentados en esos puntos –Ranchería Corozal, Nuevo Salvador Allende y San Gregorio– han respondido días después en el mismo sentido en que han venido transitando en las mesas de diálogo, incluso haciendo referencia a su pasado histórico y su presente como herederos legítimos de las tierras de sus ancestros, lo cual es totalmente cierto pero irrelevante ante la ley y ante el reto que impone un futuro sustentable o no.
Montes Azules ha sido una preocupación que tiene pasajes intermitentes de estridencia, luego pareciera que enmudece, pero el problema sigue igual. En el mes de mayo de 2002, estando Pablo Salazar en la Gubernatura, el Gobierno Federal trabajaba en la reubicación de esos grupos que se han mantenido en la misma posición, por lo que la opción de desalojo fue planteada por el titular de la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente, Víctor Lichtinger.
Con la forma pedestre que siempre caracterizó al entonces titular del Ejecutivo estatal, condenó la “actitud nefasta” del procurador federal en relación con el caso. “Es un hombre que ha querido incendiar al estado con declaraciones y con decisiones”, espetó públicamente sin que nadie le estuviera preguntando nada del funcionario federal. Sin embargo, Salazar se fue y lo único que hizo frente a este problema fue dejarlo exactamente peor por obstaculizar tanto las pláticas como en última instancia, una salida de fuerza para la solución definitiva, pese a su gravedad.
Como se sabe, la Selva Lacandona, que abarcaba un millón y medio de hectáreas distribuidas en cinco municipios, luego de ser sometida a un constante proceso destructivo en el siglo pasado, ahora cuenta con sólo unas 380 mil hectáreas. Es más, algunos arqueólogos sugieren que el colapso de las culturas antiguas de esa región se debió precisamente a una sobreexplotación de los recursos maderables que eran talados sin control por la vanidad de esos reyes que así obtenían estuco para sus numerosos monumentos.
Hoy hay una mesa de diálogo, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas gestiona con la Secretaría de la Reforma Agraria una reubicación de los asentamientos incluso con ofertas de programas que les permitan vivir en mejores condiciones, pero no se ve una salida.