Creció en medio de los pantanos, con una niñez complicada, pero de pronto, sin pensarlo tanto tiempo, tuvo que adaptarse a una ciudad tan grande como Guadalajara, él es Roberto Morales Ramírez, cirujano pediatra oncólogo del Hospital de Especialidades Pediátricas (HEP), quien inició su formación médica en 1982 y la concluyó cuatro años después.
Hoy se ha ganado un reconocimiento por las intervenciones que ha tenido que realizar, salvando varias vidas. Se trata de uno de los primeros médicos en hacer intervenciones quirúrgicas para la colocación de catéteres infantiles.
Desde hace varios años en nuestro país se celebra el Día del Médico cada 23 de octubre. Se trata de un reconocimiento a los profesionistas que, a través de su preparación y conocimientos, buscan mejorar la salud de las personas.
Morales Ramírez encaja muy bien en el concepto de ser solidario, ya que está dentro de las 305 mil 418 personas en México que se desempeñan en este oficio, según los datos que comparte el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En su época de pasante, en el municipio de Pichucalco, se topó con un caso que marcó su vida, lo que años después se convertiría en una motivación para especializarse en atender a la infancia: le tocó atender a una niña que llegó con un grado de desnutrición severo.
Jamás había visto, dijo, un grado de parasitosis -es decir, una enfermedad infecciosa que la provocan los parásitos- tan elevado, por lo que sólo le quedó preguntarle al doctor Chacón -con quien compartía la formación médica- si no había forma de ayudar a la paciente, siendo su respuesta: no.
“Son los médicos quienes deben poner empeño en ser más sensibles y empáticos cuando tratan a un paciente”, puntualiza Morales Ramírez, quien además es amante de la cocina y también de la fotografía.
El cirujano pediatra oncólogo recuerda que en su año de servicio en Pichucalco se encontró a varios pacientes en edad pediátrica que perdieron la vida, aunque nunca supo con certeza si era por la falta de atención o por la ausencia de recursos.
En 1988 inició su especialidad en la Ciudad de México. Se formó en la Introducción de la Clínica Pediátrica. Con el paso del tiempo se inscribió para Cirugía Pediátrica; su experiencia obtenida le permitió contribuir a la formación de 11 residentes quirúrgicos.
Las ganas de seguir aprendiendo le costaron dos años más. Después de ese tiempo obtuvo la Especialidad de Cirugía Oncológica. Posterior a unos 10 años de preparación, se le presentó la oportunidad de volver a Chiapas y fue recibido en el Hospital (General) Regional “Dr. Rafael Pascacio Gamboa”. Ahí colaboró por siete años.
Desde hace 15 años colabora en el HEP. En este lugar ha vivido experiencias desagradables por los diagnósticos que tienen los menores, no obstante, también aparecen noticias positivas, sobre todo cuando un infante se recupera de algún padecimiento.
Si tuviera la oportunidad de volver a la elegir una profesión, relató, es posible que repitiera el oficio en el que hoy se desempeña. Comparte también que uno de los aspectos que más se le complicaba con los familiares de los pacientes, era el hecho de informarles que al infante se le quitaría una extremidad u órgano del cuerpo para salvarlo de alguna enfermedad agresiva, pero con el paso de los años y el apoyo de especialistas, aprendió a sobrellevar el tema.












