Robos y asaltos en aumento

Marco González * CP. Cuando Mireya vio a los sujetos golpear los vidrios de las ventanillas de su carro, mientas la amenazaban, sintió rabia e impotencia, e inmediatamente le llegó el valor. En tanto la encargada o duena del salón de fiesta Los Helechos junto con cinco meseros, solamente observaban la escena, sin acertar a llamar a la policía.

Ella y su hermana habían llegado a pagar el alquiler del salón de fiestas, al filo de las ocho de la noche. Al estacionar su carro, frente a la puerta principal de Los Helechos, este lunes 24, nunca pensó vivir una de sus experiencias más amargas.

Jazmín descendió del coche para saldar el alquiler y para quedarse dentro del salón porque en breve llegarían los primeros invitados de los graduados en Administración Turística. En tanto, cuatro sujetos, descendieron de un vehículo compacto oscuro y empezaron a amenazar a Mireya ante la mirada de la encargada o duena y los meseros.

Ella tomó su bolso de mano y les espetó que antes de estragarles el carro, prefería repelerlos a balazos si era necesario, porque -para su fortuna- estaba armada. Los sujetos emprendieron la retirada, sin que los valientes meseros intervinieran ni la encargada llamara a la policía para no comprometerse.

En la zona de Juan Crispín, a decir de los vecinos, se torna insegura por las tardes y noches, porque difícilmente hay vigilancia, salvo para algunas empresas que pagan por ellos. Cualquier mujer sola y con vehículos de modelo recientes, son blanco fácil de la delincuencia.

Las cifras negras de la inseguridad senalan que ocho de cada 10 asaltas o agresiones no son reportados, para evitarse mayores problemas judiciales, porque si el ciudadano repele la agresión, el delincuente puede demandarlo y fincarle responsabilidades.

Ante la inseguridad creciente en la capital chiapaneca, las empresas encargadas de fabricar protecciones para puertas, ventanas en las casas y negocios se han consolidado. Resulta difícil encontrarse con giros comerciales en la periferia de Tuxtla Gutiérrez, sin el consabido enredamiento voluntario.

Para la socióloga Olga Mercedes Haro Rodríguez, la inseguridad en Chiapas se ha incrementado considerablemente.

Voluntariamente la gente ahora se enreja, por temor a ser asaltado dentro de su domicilio, negocio e incluso centro de estudios o diversión.

Si bien este fenómeno no es privativo de esta entidad fronteriza, la situación se torna más caótica con la presencia de bandas internacionales como Los Maras, y porque el hampa organizada (tráfico de ilegales, armas y narcos) cada vez tiene mayor presencia. Casi todos los días, la nota roja de los diarios dan cuenta de ello, apunta Haro Rodríguez.

Anteriormente, anade, sólo en películas se veía a mujeres que en el asiento del acompanante de sus vehículos iban munecos semejantes a un hombre de tamano natural, para impedir un posible asalto. Ahora eso ocurre en la capital chiapaneca, asegura la socióloga, quien realiza una investigación sobre la inseguridad en las principales ciudades de Chiapas.

Algunas otras mujeres más bragadas, llevan armas en sus bolso por aquello de las recochinas dudas, porque uno nunca sabe cuando se le puede necesitar ante la endeble vigilancia, auque también puede ser contraproducente, senala Haro Rodríguez.

Algunas alternativas son: no salir de noche, asistir solamente dónde haya una excelente vigilancia, andar acompanados y que las autoridades mejoren la vigilancia. En caso contrario habrán muchas más Mireyas, precisa.

Si eso ocurre aquí en la capital chiapaneca, que se supone tiene los mejores estándares de seguridad y de bienestar, qué estará ocurriendo con la seguridad en las otras ciudades del interior, se pregunta la especialista consultada por Cuarto Poder.