Rodrigo Ramos, un ejemplo de perseverancia

Rodrigo Ramos, un ejemplo de perseverancia

Una enfermedad congénita que lo mantiene prácticamente en su cama desde que nació, impidió a Rodrigo de Jesús Ramos Penagos acudir a la escuela, pero a sus 31 años de edad ya escribió su primer libro y es invitado frecuentemente a centros educativos a dar pláticas motivacionales como ejemplo de vida.

Su incapacidad, dice, le ha impedido caminar, pero gracias a la lectura de libros en español e inglés se le abrió el mundo y ha viajado a otros lugares, algunos inventados por los autores que lee.

En entrevista, cuenta que ha sustituido sus manos con la boca para dar vuelta a las páginas de los libros cuando lee y para manejar los controles remotos de los videojuegos que tanto le gustan y disfruta desde niño.

“Con la boca tomo el lápiz para presionar las teclas de la computadora, para escribir en un cuaderno y para ponerme los lentes; mis manos son parte de mi boca, de mis dientes y del mentón”, agrega.

Entre risas continúa: “He aprendido algunos truquillos. Soy como un MacGyver del siglo 21”. (Se refiere al personaje que interpreta el actor Richard Dean Anderson en una serie estadounidense, en la que el agente siempre resuelve todos los problemas usando la inteligencia y sus conocimientos técnicos).

Acostado en su cama, como se la ha pasado casi desde que vino al mundo, afirma que nació con una enfermedad congénita llamada artrogriposis, caracterizada por la existencia de contracturas que afectan diversas articulaciones del cuerpo, principalmente las extremidades. La padece uno de cada tres mil habitantes.

Asegura que se dio cuenta de su situación en la edad adulta “porque como que en la niñez y la adolescencia no la dimensioné, pues estaba acostumbrado a que todo me lo hicieran. Como así nací no se me hizo raro. Fue en la edad adulta que logré dimensionar todo lo que tiene que hacer la familia para trasladarme, moverme y hacer muchas cosas que una persona normal hace sin problemas. En estos últimos años me está pesando por todo lo que tiene que hacer la familia”.

Insiste: “Aunque sé que lo hace con el cariño del mundo, me pesa su sacrificio, pero trato de no lamentarme las 24 horas del día por no poder hacer nada. Tengo que seguir adelante con el apoyo de mi familia. Y tampoco debo caerme”.

Comenta que nunca fue a la escuela y que la mayor parte de su niñez y la adolescencia la vivió en la casa de sus abuelos. (Su abuelo materno, Mario Penagos era un extraordinario marimbista que ganó en dos ocasiones el premio estatal del ramo junto con otros de sus compañeros) porque su madre, Carmen Penagos, trabajaba como maestra.

“Mis abuelos y mi tía me enseñaron a leer y escribir y la educación que tengo ha sido autodidacta. Yo solito he ido aprendiendo como he podido; así me he ido educando y sigo”.

Lo que más lee, añade, son libros de ficción, fantasía y de suspenso. Su autor favorito por excelencia es Stephen King. “Los primeros libros que leí son de él. De hecho ando leyendo 22/11/63 sobre el asesinato de John F. Keenedy, pero me gustan también, por ejemplo, Juego de Tronos, de George RR Martin”.

Ramos Penagos afirma que sus limitaciones físicas no le han impedido viajar a lugares como a la Ciudad de México y a Querétaro, donde vive su hermana y le gustaría visitar a otro de sus hermanos que trabaja en Estados Unidos.

A parte de su padecimiento congénito, Rodrigo es una persona sana que come y duerme bien. “Anímicamente estoy bien, aunque a veces hay momentos buenos y malos como los que pasan todas las personas. A veces es difícil pero trato de ver todo lo positivo que me ha traído esto. Si no hubiera sido una persona con discapacidad, tal vez me hubiera dedicado a otra cosa y ningún medio se estaría fijando en mí. Para quejarme de lo que pudo ser, mejor enfocarme a lo que puede ser y disfrutar lo que se pueda disfrutar, tener paciencia con las dificultades que puedan venir por la misma discapacidad pero tampoco obnubilarme”.

Ahora, agrega, “estoy empezando a escribir otra novela y motivado porque el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (Coneculta) me está abriendo las puertas para publicarla, lo cual es una oportunidad muy grande porque el primero yo lo costeé. Como que ya le agarré sabor al caldo de escribir. Ahora me siento un poco más experimentado”.

Concluye: “Uno de mis sueños frustrados porque no lo voy a poder cumplir pues las matemáticas y yo no nos llevamos, es ser diseñador de videojuegos que siempre me han fascinado; ya no me metí en eso porque los números y yo no nos llevamos”.