Como punto de unión entre el norte y el sur del continente, México tiene que maniobrar hábilmente para conciliar su identidad cultural con América Latina y sus colosales intereses económicos con Estados Unidos, sin descartar a unos ni a otros.
Aún así, en su comparecencia de ayer ante la Cámara de Diputados, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, afirmó que la prioridad de la diplomacia mexicana son los Estados Unidos, y que el progreso de toda América Latina pasa por una mayor integración con América del Norte, lo que le valió calificativos de entreguista por parte de la oposición.
Inevitablemente somos socios y aliados de los estadounidenses. Reconocemos la enorme dependencia económica que tenemos respecto de ellos en materias como la economía, el comercio exterior y el turismo, por ejemplo. Sin embargo, también somos herederos de una rica tradición diplomática que nos obliga a admitir realidades geopolíticas insoslayables como ésa, pero que también nos exige diversificar nuestras relaciones con los demás pueblos del planeta y mantener una presencia fuerte y respetada en el mundo.
En los últimos anos, como lo reflejan las palabras del canciller, se ha priorizado la relación con EU -que ni siquiera es completamente satisfactoria, pues no ha habido respuesta a nuestra principal demanda de reforma migratoria-, en demérito de nuestro trato con América Latina, donde se multiplicaron las fricciones y diferencias con países con los que tradicionalmente manteníamos buen trato, de Cuba a Brasil y de Argentina a Venezuela.
Por eso tenemos por delante una magna tarea en el campo del servicio exterior, donde se reclama la mano de los expertos diplomáticos como los que brillaron la mayor parte del siglo pasado, con un par de notables excepciones.
Los tres mil kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos deben convertirse en una ventajosa oportunidad que hay que aprovechar, no una desgracia. Con ellos es posible el trato digno y mutuamente conveniente, como lo hemos visto en muchas etapas de la historia.
Y, desde luego, el mundo no se agota en América del Norte. Está la Unión Europea, con sus propios objetivos a largo plazo, no ligados a los norteamericanos, y los países de Asia y la cuenca del Pacífico.
Pero también debemos restaurar nuestras relaciones con las repúblicas latinoamericanas y mejorar nuestros intercambios económicos, comerciales y culturales con esos pueblos hermanos. El objetivo es sumar fuerzas, no dividirlas.
Coincidentemente, el presidente electo, Felipe Calderón Hinojosa, realiza su primera gira internacional por América Latina, en lo que parece una senal de la importancia que justificadamente concede a la región.
En el pasado, México ha tenido experiencias positivas de cooperación internacional con América Latina. Es tiempo de retomarlas y de buscar los puntos de coincidencia para marchar juntos en una acción coordinada de política exterior que redunde en beneficio de nuestros países.
En la medida en que sepamos diversificar nuestra diplomacia, el país ganará y no quedará limitado a un sólo polo de influencia. (El Universal)











