"La Iniciativa de Ley de Tráfico Transnacional de Drogas (S1612), presentada este lunes en Washington, prevé que Estados Unidos pueda enderzar acusaciones de tráfico de drogas contra nacionales o extranjeros cuando se presuma conocimiento de que los enervantes serían introducidos en su territorio.
De esta manera, todos los involucrados en una conspiración criminal para distribuir sustancias controladas serán sujetos a la jurisdicción norteamericana, cuando al menos uno de ellos sepa del destino de las drogas. La autora, la senadora demócrata de California, Dianne Feinstein, miembro del Grupo Senatorial sobre Control de Narcóticos Internacionales, dijo que esta legislación permitirá a autoridades de su país estar un paso adelante en la materia.
El coautor, el senador republicano Charles Grassley, dijo que la legislación cubre un hueco usado por los traficantes de enervantes que planean que las drogas lleguen a Estados Unidos pero las abastecen a través de intermediarios.
El proyecto de ley cuenta con apoyo de seis senadores, incluidos cinco demócratas.
Tanto Feinstein como Grassley, quienes han estado activos en temas relacionados con el tráfico de armas a México, señalaron que su propuesta apoya la ""Estrategia de Combate al Crimen Organizado Transnacional"" impulsada por la Casa Blanca.
Como se ve, esta iniciativa no sólo busca la persecución de los exportadores directos de drogas, sino que va también por los intermediarios en el extranjero, lo cual está muy bien, pero también esto conlleva a preguntarse sobre el porqué no se aplica la misma energía para perseguir y encerrar a quienes comercializan los estupefacientes a lo largo y ancho del territorio de ese país.
Menos afán punitivo afuera y mayor apoyo con recursos constantes para quienes están poniendo los muertos, se esperaría de ese vecino que dice combatir a las mafias nacionales e internacionales que conspiran todos los días para introducir y distribuir drogas en su territorio.
En vez de eso no son pocas las críticas hacia países que invierten una suma considerable de sus ingresos en la lucha contra el crimen organizado dentro de sus propias fronteras, como es el caso de Guatemala y El Salvador, vecinos cercanos en nuestra frontera sur.
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