"Los saldos de la visita del presidente Felipe Calderón a Estados Unidos tienen que ser ponderados en función de múltiples factores, muchos de los cuales no dan pie al triunfalismo de una gira exitosa, sino al complicado inicio de una nueva forma de relación de las autoridades mexicanas con los compatriotas que han emigrado hacia aquel país en busca de las oportunidades económicas que aquí no tuvieron.
Sin reunión oficial con el presidente George W. Bush, cuya menguante estrella sólo hubiera garantizado una reunión de protocolo, y en medio de un proceso electoral intrapartidista para elegir a los candidatos que disputarán la presidencia de Estados Unidos, México no estaba en el radar de las prioridades de la alta burocracia estadounidense. Por tal razón tuvo sentido orientar el viaje a reuniones con organizaciones de migrantes y comunidades mexicanas, que tradicionalmente están muy lejos de la Presidencia de la República.
El protocolo de la visita a la Casa Blanca, la fastuosa cena, el discurso ante el Congreso y las improductivas reuniones bilaterales fueron sustituidos en esta ocasión por una gira más a nivel de tierra, que contó con bemoles que deben ser revisados para futuros encuentros.
Más allá de las inefables protestas callejeras de quienes buscarán siempre gritar su enojo, lo importante es analizar con detalle si el mensaje del Presidente mexicano efectivamente llegó a los grupos de migrantes, quienes no fueron dóciles escuchas del mandatario, sino críticos auditorios de compatriotas acostumbrados a librar la adversidad, primero al irse para el otro lado, y después para organizarse y ser ahora una fuente de poder popular con inevitable peso específico en la sociedad estadounidense.
""zCómo los ayudo?"", preguntó el Presidente, quizá más dentro de un espíritu de respeto a su problemática, pero que fue interpretado por algunos como ausencia de plan específico de trabajo por parte del gobierno mexicano. Sería oportuno que, en efecto, fuera todavía más clara la posición oficial mexicana respecto de lo que queremos para los compatriotas allende el río Bravo. Necesitamos saber qué es, en concreto, lo que se le va a pedir al próximo presidente de los Estados Unidos. Si queremos reforma migratoria, a nuestro juicio, zcómo debe ser ésta?
Que se haya entablado este diálogo entre las comunidades y el gobierno mexicano no es poca cosa. Debe ahora mantenerse y acendrarse, para que no quede sólo como una gira más para la foto. Asuntos como el narcotráfico, la seguridad regional y el comercio, que también son importantes en la agenda bilateral, mantienen dinámicas propias más o menos continuas. En cambio, el tema migratorio suele ser abordado, a ambos lados de la frontera de manera coyuntural y sólo cuando políticamente es redituable; después suele abandonarse a su suerte.
Si hubo connacionales no convencidos de la efectividad de la gira de esta semana, debe trabajarse para dar continuidad a todo esfuerzo encaminado a mejorar las condiciones de vida de quienes no emigraron por gusto, sino porque su patria no supo respaldarlos. (El Universal)
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