La muerte se ha visto, de forma histórica, como un proceso doloroso que implica despedirse de un ser querido, sin embargo, cuando ocurre a bordo de un taxi y a la situación se le agrega la paranoia de que cualquier enfermo puede ser positivo de Covid-19, la tensión es mayor; eso fue lo que vivió don Salomón, un taxista desde hace 17 años en la capital chiapaneca. En su trayecto, mientras llevaba un servicio a un hospital de la ciudad, tuvo un encuentro muy cercano con la muerte.
Este lunes recorría, como de costumbre, las calles de la capital de Chiapas -la ciudad que más está inundada de casos confirmados de coronavirus-, se dirigía hacia un domicilio para recoger a unos pasajes y se dispondría a su nuevo destino.
La suerte lo alcanzó, fue convencido de cambiar su ruta programada ante la desesperación de una señora que le suplicó auxilio, “no sea malo, es que nadie me quiere llevar, mi mamá está enferma de diabetes”, son parte de las palabras que recuerda de una hija angustiada y que deambulaba por las calles de la capital.
Ambas señoras subieron a la unidad que pertenece a radio taxis Metropolitano, el mal presagio en el trayecto comenzó; empezaron las preguntas de rutina: “Señora ¿no ha tenido tos, fiebre, dolor de cabeza?”, así repitió el taxista varias veces hasta antes de llegar al área de Urgencias del Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas (Isstech).
La respuesta al Covid-19 fue negada por una de las pasajeras en reiteradas ocasiones; la madre de la mujer que hizo la parada, a quien don Salomón calculó aproximadamente 60 años de edad, estaba cubierta de un color no habitual en una persona llena de salud, se miraba pálida, agitada y sin habla.
Él se desplazaba sobre la 9ª Sur, una zona con demasiado tráfico, tomando en cuenta el cerco sanitario instalado por personal de Salud; su nuevo servicio estaba en el barrio San Francisco, se dirigió hasta el domicilio.
Al ver a la señora de la tercera edad con las manos moradas no tuvo más opción y aceleró el vehículo, necesitaba llegar lo antes posible para que las personas cubiertas bajo una bata de color blanco hicieran la otra parte: salvarle la vida.
Al llegar al Hospital “Vida Mejor” se llevó otra sorpresa que ahora guarda como la anécdota más triste en 17 años de servicio: el personal médico del Isstech no salía para atender a la paciente que yacía sobre el asiento trasero del vehículo, mientras el morado de sus manos caminaba sobre los antebrazos y ganaba espacio en el cuerpo.
Así pasaron, dice, cuando menos 20 minutos antes de que llegara un paramédico; el personal tenía miedo de que se tratara de un caso positivo de Covid-19, no supieron cómo manejar la situación.
La única atención que recibió la ahora difunta fueron las mismas interrogantes que hizo don Salomón durante todo el trayecto.
El paramédico que se acercó al taxi sólo demoró un par de minutos para dar su veredicto, observó las pupilas de la pasajera y concluyó que ya estaba sin signos vitales, ahí fue donde Salomón tuvo su primer encuentro con la muerte, una historia que aumentó el miedo por tanta información suelta que existe sobre el coronavirus.
“Ya dejó de existir”, remarcó el doctor mientras el taxista reclamaba: “Pues es que ya tenemos rato aquí, carnal”; la protesta no tuvo mayor eco y don Salomón infiere que es el protocolo que están siguiendo en el sector salud para atender a los pacientes y descartar casos positivos del virus.
Posteriormente, se acercó otra doctora sólo para corroborar el deceso y, a “ojo de buen cubero” (como recita conocido refrán) informó que la señora había muerto de paro cardíaco, pero era necesaria la presencia del Ministerio Público para validar la muerte que ocurrió sobre el taxi.
El cadáver no fue colocado en una camilla, don Salomón cuenta a este reportero que el cuerpo fue puesto en una tabla, después la introdujeron a una zona restringida. “Me quedé impacto con todo eso” y añade: “Yo nunca había visto morir a alguien, nada más escuché cuando la señora dio su última exhalación”.
Don Salomón ante la pandemia del Covid-19 está trabajando un día sí y al siguiente se resguarda; un día, el menos esperado, vio pasar la vida y la muerte en un instante, en uno de los asientos de su taxi que tuvo que ser sanitizado. Le tocó escuchar historias de alumbramientos, pero nunca de que una persona muriera en el asiento trasero del taxi.
En su unidad, dice ante el miedo de la infección del Covid-19, utiliza gel antibacterial, cubrebocas y a diario la unidad es sanitizada para su seguridad y el cuidado de su familia.
En un principio pensó que su pasajera llevaba el virus pero fue algo peor, se encontró con la muerte. Sus datos quedaron al resguardo de los médicos del Isstech.












