Salud| cobertura y calidad para todos

El Instituto Mexicano del Seguro Social desde hace sexenios está sobresaturado de trabajo y carece de suficiente personal y hasta de material de curación. La liga se estirará aun más con el compromiso de atender allí a quienes se afilien al Seguro Popular, que podrían llegar a ser millones de pacientes, lo que le plantea al IMSS un reto enorme.

El sindicato de trabajadores de la institución protestó por lo que considera una sobrecarga imposible de atender, cuando ya con los pacientes que sirven llega a retrasar sus consultas, análisis e intervenciones varios meses, ante la impotencia de los enfermos y sus familias.

Cierto que en contrapartida el Seguro cuenta con centros hospitalarios donde se han realizado proezas quirúrgicas, como la reimplantación de miembros mutilados. Las dos realidades conviven en la institución: la carencia y la excelencia.

Todos los mexicanos deberíamos tener derecho a algún tipo de servicio médico. Los que puedan pagar atención privada son un nimio 2%. Es decir, 98% de la población del país depende de los servicios públicos, más a menos la mitad de esa cifra ya está afiliada al Seguro, por eso es loable que se trate de proteger al resto de nuestros compatriotas mediante esquemas de pagos moderados, como implica el seguro popular, pero cuidando que tanto ellos como quienes cuentan con su hoja rosa reciban una atención adecuada.

El Seguro Popular no cubre todas las enfermedades y cobra de acuerdo con un estudio socioeconómico, pero aún siendo este el caso, la demanda potencial pesará sobre los centros de salud, las clínicas y los hospitales del IMSS, por lo cual para que ese beneficio sea efectivo será indispensable que el Seguro Social reciba no solamente presupuesto adicional, sino que se prepare a contratar más personal y ampliar sus establecimientos hospitalarios. De otra forma, se avecinará un caos que perjudicaría a los ya afiliados y a quienes esperan recibir los beneficios, aquellos que por no estar en la economía formal, hasta ahora no habían tenido derechos de salud.

Como dirían los médicos, cuidado con los efectos secundarios indeseables de la medicina prescrita, no vayamos a fomentar, y de manera indirecta subsidiar, actividades económicas que no pagan impuestos y compiten deslealmente con el comercio establecido.

El panorama de la salud en México es complicado. No hay médicos suficientes y los que existen están congregados en las grandes ciudades. En el campo hay curanderos y pasantes de Medicina, cuando mucho.

Los medicamentos están fuera del alcance de los trabajadores, no sólo de quienes ganan salario mínimo. Sus precios muchas veces son tan altos que ni el propio Seguro Social puede abastecerse y sobran los ejemplos en los que familiares de pacientes atendidos padecen para conseguir por fuera las medicinas requeridas.

No asombra entonces la proliferación de laboratorios y farmacias que distribuyen productos similares o genéricos.

Procurar la salud es un objetivo central en lo privado y debe serlo en lo público. Cuidado con ofrecer una cobertura masiva y atentar contra la calidad. Esa receta tiene una denominación científica; se llama populismo. (El Universal)