Salud y mala alimentación

La importación de patrones culturales impulsados sobre todo por la publicidad y por la imitación extralógica de los hábitos alimentarios que ofrecen las trasnacionales de la industria de la comida chatarra estadounidense ha impactado en la calidad de la dieta de los mexicanos y ha producido un grave deterioro en su salud.

Al tradicional problema de la desnutrición, derivado de la marginalidad y pobreza de grandes núcleos rurales y urbanos, ahora se agrega un problema de desequilibrio alimentario que se manifiesta en un ya evidente incremento en los niveles de obesidad, junto con desarreglos provenientes de una mala alimentación como son la hipertensión arterial, la arterioesclerosis y la diabetes. Por ejemplo, la mitad de las mujeres mexicanas entre 12 y 49 anos de edad presentan sobrepeso, en tanto que 27% de los ninos se hallan en esa situación.

Es preocupante que, según lo muestran encuestas realizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el incremento de productos azucarados, grasosos y de harinas refinadas en la dieta nacional ha sido constante en los últimos 11 anos, mientras que se ha reducido el consumo de frutas, verduras y leguminosas.

El deterioro de la calidad vital, resultante de los malos hábitos de nutrición, lleva a una reducción en la esperanza de vida al afectarse la resistencia a enfermedades infecciosas y al aumentar la posibilidad de sufrir varios tipos de cáncer y de enfermedades cardiovasculares.

Según reporta El Universal, con base en especialistas en la materia, para revertir esta tendencia es necesario que los mexicanos aumenten su consumo cotidiano de fruta y verduras hasta llegar a los 400 gramos de estos alimentos en cinco porciones, que son los niveles que recomiendan los organismos internacionales.

Pero poco impacto puede ocasionar una recomendación de este tipo si ésta tiene que enfrentarse a una gran publicidad que propicia el consumo de alimentos chatarra de franquicias internacionales, las cuales utilizan de manera incansable las técnicas más efectivas de convencimiento en los medios masivos de comunicación para llevar a los ninos y jóvenes a buscar estos productos casi como una distinción social. Estas campanas daninas deben contrarrestarse tanto en las escuelas como a través de mensajes en los mismos medios y, desde luego, obligando a que quienes comercializan esos alimentos, adviertan sobre los efectos daninos por el exceso en el consumo de sus productos.

No basta una escueta recomendación para que el que adquiera el producto consuma frutas y verduras. Es necesario enfatizar que su salud y bienestar están en juego, como ocurre ya con el caso del tabaco.

No es exclusivo de México el problema del aumento de la obesidad; el mismo patrón se reproduce en los países industrializados, en donde a pesar de las advertencias de los nutriólogos, poco se hace para modificar los hábitos alimentarios y de falta de ejercicio de la población.

En México, los alimentos chatarra, la comida rápida y las golosinas diversas gozan de un sistema de distribución de gran eficacia, al grado de que no hay poblado en la República al que no lleguen estos productos, aun en aquellos lugares a los que no llegan carne, leche o pescado.

Mejorar ya los hábitos alimentarios de una población es una tarea urgente, no obstante lo costoso de ésta, y se requiere de la cooperación de los sectores de salud y agropecuario, de los industriales y de los medios de comunicación; en todo caso, será más costoso sanar que prevenir. (El Universal).