Salvar lo insalvable

"Hay que reconocerle a los consejeros electorales que intenten mantener a flote un costoso barco a medio hundir, el cual fue dinamitado por la simple venganza de un grupo de legisladores inconformes con el resultado de la elección presidencial.

""Salvar lo insalvable"" -como dijo uno de los consejeros tras analizar la posibilidad de secundar la renuncia de Luis Carlos Ugalde- es lo único encomiable y digno que les queda por hacer a los miembros del Consejo General si es que no fuera, como algunos sospechan, sólo para retener el salario.

La decapitación del Instituto Federal Electoral, sin una reposición bien pensada, es ya suficiente merma a la efectividad del organismo como para sumarle otro escollo. Los partidos se aferran a sus errores. El caos que surge entre ellos por la nominación del próximo consejero presidente del IFE evidenció la estrechez de miras de los coordinadores parlamentarios en el ámbito electoral. Argumentaron en su momento un urgente cambio por el riesgo de que el instituto no pudiera cumplir más con sus obligaciones como garante de la equidad en el sistema democrático. Hoy vemos que sus decisiones en ese sentido no sólo no resarcieron ese supuesto problema, sino que además, lo acrecentaron.

Si aún quedaba alguien que dudara de la verdadera motivación de los partidos, los propios legisladores se encargaron de desmentirlo con la situación en que dejan al arbitraje electoral.

La pérdida de credibilidad de los consejeros o de mejora del aparato electoral era simple careta. Lo que estaba detrás del cambio del consejero presidente del IFE era, por decir lo menos, un asunto visceral. Una mera obsesión en contra de personajes concretos.



Lo inadecuado de la intransigencia

Al analizar las razones de las desavenencias entre legisladores que obligaron a postergar la elección de los nuevos consejeros del IFE sólo encontramos una inhabilidad negociadora suprema, combinada con la arrogancia de un pequeno grupo de legisladores del PRD obedientes de un mandato caudillista que no deja avanzar a la nación. Ciertamente, es importante que quien encabece la autoridad electoral sea reconocido por todos los actores políticos, pero eso no les permite a unos bloquear los acuerdos a capricho. Es lamentable que este proceso de construcción de acuerdos para hacer confiables los comicios federales de aquí en adelante, y sobre todo el de 2009, se detenga por quienes están atorados en el 2 de julio de 2006 y pretenden imponerle a la sociedad su criterio de que sólo quien ellos designen o palomeen puede garantizar unas elecciones confiables. México no puede ser rehén de ninguna persona ni de ningún grupo, porque la democracia se construye a partir de lo que todos opinen y de lo que convenga a todos por consenso. No hay espacio para la intransigencia. Es incluso contraproducente, en este proceso de elección de la autoridad electoral, que alguna de las fuerzas partidistas se empene en condicionar cualquier acuerdo al nombre de una persona en particular. zPor qué quemar a sus propios candidatos? zPor qué poner en las espaldas de sólo una persona el futuro de la democracia mexicana? Estamos trabajando para superar las ominosas secuelas de 2006. No se vale, entonces, empezar a ponerle trabas a 2009.

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