Cada 16 de agosto, la Iglesia Católica celebra a San Roque, una figura cuya devoción se relaciona con la atención a los enfermos y la protección frente a epidemias.
Su historia como peregrino y servidor de personas afectadas por enfermedades contribuyó a que fuera considerado patrono de los enfermos y, con el paso del tiempo, también de los perros y las mascotas.
En Tuxtla Gutiérrez, esta fecha adquiere un significado especial.
El tradicional barrio de San Roque, uno de los sectores históricos de la capital, mantiene una celebración en la que la religión católica se entrelaza con expresiones de la cultura zoque, convirtiendo la fiesta patronal en una manifestación de identidad y memoria colectiva.
¿Por qué se celebra?
San Roque es recordado por su vida como peregrino y por su labor con personas enfermas durante epidemias.
La tradición religiosa cuenta que, después de haber contraído una enfermedad, se refugió en un lugar apartado y fue auxiliado por un perro que le llevaba alimento.
Esta representación explica que el santo aparezca habitualmente acompañado de un perro y que sea considerado protector de estos animales.
Corazón de un barrio tradicional
El barrio de San Roque se encuentra en el centro de Tuxtla Gutiérrez y es considerado uno de los más antiguos y representativos de la ciudad.
Su historia está estrechamente ligada a las raíces zoques de la capital y a la conservación de prácticas religiosas y culturales transmitidas entre generaciones.
En este espacio se encuentra la parroquia de San Roque y San Bartolomé Apóstol, templo que funciona como uno de los principales puntos de encuentro para la celebración patronal.
La parroquia forma parte de la arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez y se localiza en el andador San Roque, en el centro de la ciudad.
La importancia del templo no se limita al aspecto religioso. Durante agosto se convierte en el centro de diversas actividades que mantienen vigente la tradición del barrio.
La Danza del Padre Roque
Uno de los elementos más representativos de la festividad es la Danza del Padre Roque, conocida en zoque como Hata Roque-etzé.
Esta expresión forma parte de las celebraciones dedicadas a San Roque, San Jacinto y San Bartolomé, y representa el encuentro entre las tradiciones indígenas y el proceso de evangelización ocurrido durante los siglos XVII y XVIII.
La danza se acompaña de tambor y flauta de carrizo, instrumentos tradicionales con los que se interpretan siete sones de carácter ceremonial.
Los danzantes recorren distintos espacios y visitan hogares donde se resguardan imágenes religiosas, acompañados por familias y personas encargadas de preservar las costumbres.
Va más allá de la religión
Las celebraciones en honor a San Roque y San Bartolomé Apóstol tradicionalmente incluyen misas, procesiones, rezos, música, danzas, marimba, gastronomía y actividades comunitarias.
El pozol, bebida emblemática de Chiapas, ocupa un lugar importante dentro de los festejos, llegando incluso a organizarse la elaboración de una jícara de pozol de grandes dimensiones como parte de las actividades.
La celebración también está vinculada con la gastronomía zoque.
Entre los platillos tradicionales asociados a la fiesta se encuentra el wacasiscaldú, un caldo de res preparado con garbanzo y repollo que suele compartirse durante el día principal.












