Sanar la Ciudad de México

Acaso con excepción de China, las grandes ciudades del mundo ya no planean expandir el concreto, construir segundos pisos ni edificar zonas habitacionales a voluntad o capricho de unos cuantos. Los proyectos urbanísticos hacia los que se encaminan ciudades como París, Nueva York, Washington, Tokyo, Londres, incluso Santiago de Chile, priorizan la sustentabilidad de las urbes. La Ciudad de México debería mirarse en ese espejo. Sobre todo en estas fechas cuando será anfitriona de la Conferencia de Cambio Climático de los alcaldes del orbe.

En el DF, 2 mil 151 áreas de conservación están ocupadas por 553 asentamientos irregulares. Mucha de esta invasión se dio por el anárquico crecimiento de viviendas durante el último siglo, pero también porque las administraciones capitalinas en ese lapso promovieron la aparición de zonas como Santa Fe o Interlomas sin criterios urbanísticos, sino más bien políticos y económicos. Esta forma de devastación conducida implacablemente por el poder público generalmente está vinculada con el enriquecimiento ilícito.

Los políticos otorgan obras o maquillan licitaciones para que constructoras de amigos, familiares o financiadores de futuras campañas hagan negocio con carreteras, centros habitacionales y otras edificaciones. El encarecimiento de la zona tras su urbanización provoca, a su vez, mayor demanda de servicios hasta el punto en que un preciado pedazo de bosque se convierte, de pronto, en pavimento duro y sin vida.

En otras ocasiones ha sido simple negligencia la que ha permitido la ampliación incontrolada de la mancha urbana. Planear, realizar estudios de suelo y exámenes de impacto ecológico toma tiempo e implica un pensamiento a largo plazo que no se acomoda a los calendarios políticos ni económicos.

Nunca es demasiado tarde. Aún es posible promover las energías renovables, el transporte público eficiente, la eliminación de prácticas dañinas de agricultura y ganadería, el reciclaje de la basura y el agua, el reordenamiento de viviendas con base en criterios de sustentabilidad, entre otras medidas. Por sobre todas las cosas, todavía es posible detener a los especuladores inmobiliarios.

En los tiempos actuales, cuando la mayoría de la población en México ha optado por abandonar la vida rural y establecerse en las cómodas pero estresantes ciudades, el país necesita de un modelo a seguir para llegar a un desarrollo de la población y los servicios que sean compatibles con la riqueza natural y la sustentabilidad del sistema ecológico.

La Ciudad de México, vanguardia en otros rubros, tendría que ser modelo.

(El Universal)