"Francia eligió este domingo como presidente al ex ministro del Interior Nicolas Sarkozy, representante de una derecha que busca mostrarse como ""abierta y moderna"". Hijo él mismo de inmigrantes -a quienes se refirió sin embargo como ""escoria"" en ocasión de las protestas del otono del 2005, cuando ardieron los suburbios de París con un saldo de 35 mil coches quemados por jóvenes protestando por la falta de oportunidades-, Sarkozy es una interrogante para América Latina.
La divisa del nuevo presidente de Francia es rehabilitar el trabajo, la autoridad y el mérito. Su elección es vista como un voto de la mayoría de los franceses por la globalización, con sus pros y sus contras. Su contrincante, la socialista Segolene Royal, se alzó con un nada despreciable 47%, es decir, la inclinación de Sarkozy por el libre mercado, la ley y el orden deberá ser atemperada para convertirse en el presidente de todos los franceses, no sólo de los que lo votaron.
Experiencia digna de observar será la de una Francia que refrenda en el voto minoritario la convicción por la justicia social, pero reconoce en el mayoritario que condiciones como la semana laboral de 35 horas los perjudican en la competencia económica internacional.
Bienvenida sea esa búsqueda de balance que no parte de considerar antagónicos el capitalismo y el estado de bienestar.
Temas explosivos rondan sin embargo alrededor de Sarkozy en un país en el que millones de árabes y africanos, hijos de inmigrantes de antiguas colonias, han sido reducidos a barrios de la periferia de las grandes urbes francesas. El ideal de libertad, igualdad y fraternidad no se ha cumplido para ellos.
En el campo interno los retos están delineados. En el externo, previsiblemente, Sarkozy, la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el posible sucesor de Tony Blair como primer ministro británico, Gordon Brown, coincidirán en una visión pragmática de su región, y podrán dar un vigoroso impulso a la Unión Europea.
Una bocanada de aire fresco para América Latina en el contexto de la sofocante insistencia de unipolaridad estadounidense.
Es por ello deseable que a la brevedad Sarkozy mande una senal a esta parte del mundo de la cual en su campana no se ocupó, si no es por las referencias al caso de una colombiano-francesa secuestrada hace ya varios anos.
América Latina ha abrevado históricamente de dos modelos políticos: el estadounidense y el francés. Después de la elección de George W. Bush en el 2000, con su cuestionado triunfo en Florida, y en el 2004, con las dudas sobre Ohio, queda claro que el presente de la democracia francesa parece más atractivo.
""Respetar a Royal es respetar a los millones de franceses que votaron por ella"", dijo Sarkozy en una lección de civilidad que puede ser muy útil a nuestros políticos.
El triunfador tomará posesión de su cargo sólo 10 días después de las elecciones, el miércoles 16 de mayo, algo que debe hacernos reflexionar sobre los largos cinco meses que en México median entre la votación y la asunción del puesto. Miremos hacia Francia, con su impecable ejercicio democrático, para que Francia nos mire. (El Universal).
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