"Arely Domínguez * CP. Acudir al Mercado Díaz Ordaz es parte del folklore chiapaneco, aunque esta costumbre está perdiendo terreno frente a las grandes empresas de autoservicio que de seis anos a la fecha, se han apropiado de la ciudad.
El tratado de libre comercio que se dio hace trece anos, ha perjudicado a este tipo de negocios, pues las puertas del comercio se abrieron de par en par para las transnacionales que hoy se apoderan de nuestra capital.
Conocer las historias, personajes y anécdotas del centro de abastos más popular de la capital es ver la formación y el crecimiento que la ciudad misma ha tenido.
El mercado cuenta con 22 cocinas y 22 refresquerías donde se puede encontrar desde un rico caldo de panza, empanadas de quesillo, tacos fritos con su respectivo repollo, comida que aquí se vende. La gente que viene a consumir aquí es gente del pueblo, es para gente popular, explican los comerciantes entrevistados.
Una de las partes más viejas y particulares de este mercado es la nave mayor, donde se encuentra el giro de carnes y básicos, la cual cuenta con 1 mil vendedores aproximadamente. La mayoría ha envejecido aquí. El pago de piso varía entre 2.50 a 6.00 pesos aproximadamente, esta cuota se paga de manera diaria, cuota que para los vendedores ambulantes que se encuentran ubicados a partir de la 2S. hasta la 9S. Sur es más o menos 50 pesos (dependiendo al dirigente que tomen en cuenta y la ubicación que tengan).
""Los meses más bajos son agosto y septiembre porque la familia tiene gastos fuertes, es inicio de clases"", me cuenta ""El Pajarito"", quien lleva 39 anos en el mercado con su negocio desde los tiempos de Absalón Castellanos.
Los meses en que hacen su ""agosto"" los locatarios son diciembre, noviembre y enero.
""Este mercado nació para gente que necesita trabajar"", senala.
Falta seguridad
Una de las tantas dolencias del Díaz Ordaz es la falta de seguridad. La gente que se encarga de cuidar los pasillos ya no está ni en forma mucho menos en edad, pero no se les puede reemplazar. Hay dos sindicatos y cada uno cuida a su gente.
Hace un ano se le hace la propuesta de remodelar el mercado a los locatarios, hoy lamentan no haberse puesto de acuerdo, no tiene caso buscar culpables. ""Hubo gente que no tenía ningún interés, pero que supo moverse bien para crear conflicto"". Muchos no quieren irse a vender a la calle, los que protestan son los duenos de puestos de joyerías que se han ubicado en locales para vender huevos.
Un problema que es más que visible, es no contar con un estacionamiento, sólo hay 10 cajones ubicados en la calle de la Tercera Sur, que por la noche se vuelve todo un menú de taquerías que -reconocen locatarios- puede ser de peligro, ya que los tanques de butano están junto a las hornillas, además que las instalaciones de gas son muy viejas y casi no se les da mantenimiento. Las canasteras que se ubican de muchos anos atrás, a la altura de la 4S. Sur son en su mayoría mujeres que viajan de municipios cercanos a vender dulces, especias, comida netamente de la región.
Otro de los graves problemas es el agiotismo. Se ha vuelto un cáncer entre los propios locatarios; no cobran intereses moratorios, pero el pago es de manera diaria. Los usureros tienen cierto poder entre los locatarios. ""Con que trabajo alcanza para comer"", dice Roberto Martínez. Ha cambiado el giro de su negocio dos o tres veces, primero vendía verduras, luego artesanías, hoy juguetes y máscaras.
Los problemas son muchos, los intereses interfieren, esto est* como la cosecha de mujeres... nunca se acaban.
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