Se incrementa el número de parcelas sin trabajar

Marco González * CP. Alrededor de unas 65 mil parcelas han quedado abandonadas en la entidad en los últimos ocho anos. La causa principal es la creciente migración de chiapanecos hacia Estados Unidos, Canadá y hacia la península de Yucatán, concretamente a Cancún.

Si bien las más de 350 mil hectáreas de parcelas ociosas están diseminadas en todo el estado, un porcentaje importante está ubicado en los municipios colindantes con Guatemala. Esta superficie compactada equivale - aproximadamente- a las tierras del Valle Cintalapa-Jiquipilas y Villaflores.

Ese es un grave riesgo para la seguridad nacional, advierte Cecilio Marroquín Molina, doctor sociología rural e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En tanto especialistas de la Reforma y la Procuraduría Agraria consultados, reconoce que podrían ser mayor el número de parcelas abandonadas. Sin embargo, por los apoyos que les brindan -hasta ahora- el sector agropecuario, se simula que las parcelas están siendo labradas. Entre 15 a 20 mil parcelas están siendo trabajadas por centroamericanos que se hacen pasar por mexicanos, precisan.

Si bien el reparto agrario nacional ha concluido desde hace casi 15 anos, no se debe a ello que miles de chiapanecos hayan dejado de presionar a las autoridades con las eternas solicitudes de tierras, dice el doctor en derecho Arturo Carrasco Bretón. La causa es más sencilla, ya se fueron a otras tierras en busca de trabajo. Así de sencillo, puntualiza.

En ello coinciden los especialistas de las dependencias federales consultadas y quienes pusieron como condición para hablar del tema de las parcelas abandonadas y ociosas, el anonimato, por temor a perder su única fuente de ingresos para sus familias.

Alrededor de unos 400 mil chiapanecos han emigrado en la última década -oficialmente- en busca de oportunidades de trabajo. En parte a estos se debe que se pasó de la encarnizada lucha por la tenencia de la tierra (que dejó centenares de muertos y decenas de conflictos en diversas regiones de Chiapas) a las miles de parcelas ociosas, actualmente.

También han contribuido los fenómenos naturales que han azotado a Chiapas para incrementar el flujo migratorio chiapanecos hacia Estados Unidos. Hasta el ano 2000, la entidad ocupaba el penúltimo lugar como emisor de inmigrantes, ahora, se ubica en el décimo sitio. Es decir, avanzó 20 lugares en menos de una década.

En gran parte el éxodo de la gente del medio rural chiapanecos hacia Estados Unidos, se debe a que los bajos precios de los productos, los escasos subsidios y una errática política agropecuaria gubernamental. Al no tener problemas para atravesar el país y llegar hasta la Frontera Norte, dejan su familia y su tierra y se lanzan en pos de la cosecha de dólares.

Mientras campesinos e indígenas guatemaltecos, principalmente, se aprestan a cultivar las tierras ociosas con el consentimiento de los familiares de los migrantes chiapanecos. Los centroamericanos buscan sobrevivir, también, y obtener dinero para irse a los Estados Unidos, otros, sencillamente les basta con asentarse en Chiapas.

En no pocos casos, dice Cecilio Marroquín, los centroamericanos se quedan con las parcelas, las familias y por supuesto las remesas que envían. Este al igual que el fenómeno de la migración chiapaneca hacia Estados Unidos, hasta ahora, ha sido poco estudiado, advierte.

Con el paso del tiempo, los centroamericanos se mexicanizan (que no nacionalizarse), y empiezan a obtener documentos oficiales para transitar por la República Mexicana.

Esa invasión silenciosa no le preocupa en mayor medida a las autoridades ni estatales ni federales, dicen Carrasco Bretón, cuando debería de haber un programa para fortalecer la soberanía en la Frontera Sur, la frontera del olvido, pero quizás por la globalización poco importe la pérdida de identidad, aquí donde empieza la República Mexicana.

Ahora las autoridades tienen un problema menos que resolver. Ya no hay que dotar de tierras a los hijos de los campesinos e indígenas. Han encontrado otra alternativa de subsistencia: el éxodo.

Con las parcelas abandonadas u ociosas, se pueden hacer jugosos negocios en esta era de la globalización, coinciden en senalar Marroquín Molina y Carrasco Bretón. Ya sin los molestos indígenas y campesinos que han emigrado, se pueden vender estas tierras a grandes consorcios para desarrollar plantaciones de agroproductos para el mercado internacional, aprovechando las bondades del trópico húmedo.

Si bien se ha resuelto -aparentemente- un problema en el campo con la migración de chiapanecos, e incluso la distribución de la riqueza ya que ahora parece más equilibrada con la llegada de los 450 millones de dólares del ano pasado a los casi tres mil ejidos, la ocupación silenciosa de parcelas por campesinos e indígenas guatemaltecos, puede ocasionar en el futuro, problemas mayores, advierten los especialistas consultados.

Cuando se pierde el arraigo a la tierra y a la heredad, se pierde un punto clave en el bastión de la defensa de la soberanía nacional, advertía el maestro Rubén Salazar Mayen, uno de los principales analistas políticos y maestro de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

A la porosidad de la Frontera Sur, la frontera olvidada, ahora se anade este nuevo elemento de las parcelas abandonadas.

Las tierras ociosas es el enorme reto que hay que resolver, ahora. Sobre todo porque aproximadamente el 15 por ciento de la población económicamente activa (PEA) de Chiapas, ha emigrado y esa fuerza de trabajo, está generando riqueza y progreso en otras latitudes, ante la falta de oportunidades en su región de origen.

La tenencia de la tierra, antes y ahora, son una asignación pendiente en Chiapas, dice en tono irónico Cecilio Marroquín Molina. Si se continúa actuando como hasta ahora con apatía y una gran irresponsabilidad en este tema, en unos cuantos anos puede convertirse este en un problema de magnitud internacional.