Se percibe más corrupción

Las organizaciones multinacionales encargadas de evaluar los niveles de corrupción en el mundo, como es el caso del Latinobarómetro, reportan que en México la percepción que tienen los ciudadanos de sus autoridades no es favorable y que ano con ano esa imagen se va acendrando, en lugar de mejorar.

Apenas a unas semanas de que Transparencia Internacional calificara un descenso importante del Gobierno de México en cuanto a percepción ciudadana en materia de corrupción, es ahora el Latinobarómetro el que pone el dedo en la misma llaga al revelar que en su encuesta de evaluación anual resulta que los mexicanos piensan que de 100 funcionarios gubernamentales, 77 son corruptos. Eso hace que la posición de México en el continente, en materia de confianza, haya disminuido, al pasar del lugar 24 al 31, de un ano a otro.

Esto no habla bien de un país que aspira a lugares privilegiados de desarrollo en el mundo. Abona en contra de un sistema político que no logra vencer inercias y que es percibido como inherentemente corrupto, tanto en el ámbito político, como en el económico. Lo que se haya hecho en materia de transparencia y rendición de cuentas de los funcionarios públicos en los últimos anos tendrá que ser contrastado con estas evaluaciones internacionales, de las cuales no hay sospecha de parcialidad hasta el momento, y que sí, en cambio, son tomadas en serio en América Latina como un termómetro importante de lo que los pueblos piensan de sus gobernantes.



Indicador latinoamericano

El índice de Latinobarómetro muestra, por ejemplo, que, como consecuencia directa de la corrupción, sólo 40 por ciento de los ciudadanos mexicanos entrevistados aprueba la gestión gubernamental actual, muy lejos de los niveles de 72 por ciento que tiene, por ejemplo, Uruguay, que es el país mejor ubicado.

Hay, entonces, un doble reto para México: primero, el de perfeccionar sus instituciones políticas, para satisfacer a sus ciudadanos y, segundo, el de conjurar todo asomo de corrupción en procesos administrativos, lo cual, es evidente, no se ha logrado.

El país no superará un nivel de medianía, dentro del concierto de naciones latinoamericanas, mientras los mexicanos sigan siendo objeto de sobornos y coerciones por parte de cuerpos policiacos, judiciales o gubernamentales en general; o mientras muchos empresarios enfrenten o generen, día a día, esos mismos métodos para ganar una licitación o simplemente para hacer negocios. La incapacidad para erradicar la corrupción pudiera ser el talón de Aquiles del sistema político y económico, que no estaría dejando despegar al país de manera integral. Esto echa por la borda el esfuerzo de muchos mexicanos que trabajan duro para ganar su sustento, pero cuya clase gobernante le impide desarrollarse y tener mayores posibilidades de crecimiento a futuro, por estos atávicos problemas senalados por organismos como el Latinobarómetro, además de que es imposible consolidar una democracia si se tienen tan altos niveles de corrupción.



Senales peligrosas

Las acciones al respecto tienen que ser radicales, porque no podemos seguir exhibiendo tal rostro a la comunidad internacional. Los discursos de la clase política nacional, en contra de la corrupción sobre todo en tiempos electorales suelen multiplicarse, ser enfáticos y tronantes. Sin embargo, es tiempo de trasladar estos propósitos a los hechos, porque de seguir como vamos, lo único que nos espera es ver cómo se deteriora nuestro entorno social, se envilece nuestra clase política y el país queda condenado a no superar sus rezagos.

La corrupción es un foco rojo en nuestro desarrollo y en nuestra seguridad interna.