En la celebración de la Iglesia católica en el primer domingo de Cuaresma, el obispo de Tapachula, monseñor Jaime Calderón Calderón, hizo un llamado a los fieles católicos a la reflexión y afirmó que este tiempo es la oportunidad de la conversión, de volver al camino y “pedir al Señor con toda humildad que el espíritu de Dios nos permita confrontarnos con nosotros mismos y determinar si nosotros no somos el obstáculo en el plan de desarrollo de Dios”.
Refirió que “hoy estamos en un mundo cambiante, un mundo que nos ha hecho creer que necesitamos mucho para ser felices, una época en la que las necesidades para vivir no es la que se escala en la mentalidad de ponerse una prenda de vestir de marca, de viajar a un destino local sino a otro lado, de no sólo comer pescado y pensar en manjares traídos de quién sabe dónde”.
En su mensaje en la catedral de San José, monseñor Calderón Calderón se refirió al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (1:12-15) que señala que el Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días y en la que Jesús vence al tentador, y con ello comienza un nuevo tiempo, una nueva creación; desde esa experiencia del desierto Jesús sale a anunciar que el reino de Dios está cerca.
Dijo que de acuerdo al pasaje bíblico de Jesús en el desierto y frente a las tentaciones, purificó sus misiones y después mostró con claridad cuál era el camino para entender lo esencial de la vida y descubrir que en la vida hay tentaciones que intentan apartarnos de la vida del Señor.
Expuso que la oración, el ayuno y la caridad son esenciales, pero lo más profundo en el ser es reconocer y no tener miedo por descubrir qué es lo que nos aparta del camino de Dios, las tentaciones que nos hacen sucumbir y que se puedan vencer.
Expuso que las versiones que se escuchan del Evangelio respecto a este acontecimiento, nos dan la idea de un Jesús que fue llevado al desierto y que tiene el diálogo con el demonio que presenta las tentaciones; en ese sentido, dijo que no se puede descuidar lo fundamental, sin embargo, “para nosotros los chiapanecos es difícil imaginar el desierto porque estamos en una zona donde la naturaleza lo invade todo y todo parece un paraíso, pero en este pasaje en el desierto en donde sólo hay arena que desnuda a la persona en el sentido más íntimo y espiritual y donde para poder sobrevivir requiere mucho, permite también descubrir lo esencial”.












