Aunque ya se habían realizado algunas aproximaciones, el gobierno mexicano dio a conocer los primeros resultados del programa de colaboración conjunta entre diversas entidades de la seguridad pública, tanto federales como regionales, el cual ha denominado México Seguro.
Este operativo de tan alta magnitud pretende hacer frente a las bandas del crimen organizado que se mueven y actúan con total impunidad en diversas capitales de la frontera norte de México. El término para que este programa arroje resultados es de corto plazo, pues no hay tiempo que perder en la erradicación de este fenómeno de violencia criminal que está generando intranquilidad e inestabilidad en muchas ciudades de aquella zona.
México no puede resignarse a ver de manera pasiva cómo los criminales se combaten entre sí y cómo enfrentan con su poderoso y tecnológicamente avanzado armamento a las fuerzas del orden. Y es que la proliferación de armas de alto calado en las operaciones criminales de delincuentes dedicados al narcotráfico ha sido tan evidente que la pregunta que surge de inmediato es: zde dónde proviene este arsenal y quién lo está facilitando? Quizá la respuesta se encuentre en que hay un aspecto poco abordado de la relación bilateral entre México y EU, que es el referente al tráfico de armas entre el crimen organizado mexicano y proveedores estadounidenses de arsenales; intercambio que sólo incrementa el poder destructor de los delincuentes y atiza la guerra de cárteles que, por desgracia, presenciamos de manera cotidiana desde todo el país.
Así, ayer la Presidencia de la República dijo que ha solicitado al gobierno de Estados Unidos sellar la frontera a las armas que ilegalmente entran a nuestro país, como parte de un esfuerzo conjunto que ha emprendido México para atacar de frente la inseguridad y criminalidad en ocho estados del norte del país.
Ciertamente, es pertinente el llamado para que se selle la frontera a este tráfico de instrumental belicoso pues, si bien Estados Unidos suele ser rigorista con la entrada de migrantes a su territorio o con los artículos de viaje que sus disposiciones aduanales consideran potencialmente peligrosos para ingresar a su país, también es cierto que existe un enorme hoyo fronterizo que por alguna razón permite que la industria del armamento florezca con plena impunidad, lo cual es inaceptable.
Uno de los rasgos evidentes del fenómeno que genera violencia en nuestro país es un problema exclusivamente estadounidense: se trata de la demanda entre ciudadanos de aquel país de estupefacientes, lo cual no ha sido solucionado y sí, por otro lado, crece día tras día la exigencia de un mercado que parece interminable en aquella nación. Luego, el problema se traslada a otros países, como México, en donde ya se generan fenómenos de violencia que anteriormente eran inexistentes.
De ahí que pudieran surgir suspicacias respecto de esta facilidad para que los criminales de la frontera norte de México adquieran estas armas mortales, como si con ello se quisiera producir una guerra interna entre cárteles para su propia aniquilación, evitando los procedimientos legales que existen en nuestro país para hacer que se siga el proceso que nuestro estado de derecho tiene establecido.
En todo caso, las buenas relaciones entre ambos países deberán sustentarse en apoyo mutuo e incondicional para que EU deje de ser un hoyo interminable de consumo y para que México deje de ser paso de bandas criminales que usan a nuestro territorio con rumbo al norte. (El Universal)











