Para los campesinos del Soconusco, sembrar maíz se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Producir una hectárea puede representar una inversión de hasta 30 mil pesos, sin la certeza de recuperar el dinero ante una eventualidad climática o la falta de un mercado que permita obtener un precio rentable por la cosecha.
Los productores señalan que atraviesan una etapa crítica, marcada por precios deprimidos y costos de producción que continúan aumentando, situación que ha reducido cada vez más la rentabilidad de esta actividad.
Contexto
La siembra requiere adquirir semilla mejorada, fertilizantes, herbicidas, renta de maquinaria y el pago de jornaleros para las labores del campo. Para reunir los recursos, algunos campesinos recurren a préstamos e incluso a la venta de parte de su patrimonio, con la esperanza de que las condiciones climáticas permitan obtener una buena cosecha.
Sin embargo, cualquier eventualidad puede hacer que todo el esfuerzo se pierda. Este año, como ha ocurrido en otros ciclos agrícolas, la sequía prolongada se convirtió en uno de los principales enemigos del productor y acabó en poco tiempo con meses de trabajo e inversión.
Cuando la milpa se pierde, explican los campesinos, también desaparecen los recursos invertidos, mientras permanecen las deudas y la necesidad de sostener a la familia durante el resto del año.
Prefieren no arriesgar
Ante este panorama, algunas extensiones de tierra permanecen sin sembrar. Muchos propietarios han optado por rentar sus parcelas y, en otros casos, los terrenos quedan abandonados.
Otros campesinos han decidido convertirse en jornaleros y trabajar de lunes a sábado en ranchos y parcelas ajenas. Aunque el ingreso promedio ronda los seis mil pesos mensuales, consideran que representa una alternativa más segura para sus familias.
Ese recurso, aunque apenas alcanza para cubrir alimentación, educación de los hijos y gastos del hogar, permite contar con un ingreso constante y, al mismo tiempo, cultivar una pequeña parcela sin enfrentar las mismas presiones económicas que implica producir a mayor escala.
En estos terrenos pueden obtenerse frutas, productos maderables y hortalizas para complementar el ingreso familiar, sin asumir una inversión tan elevada como la que requiere una hectárea de maíz.
Para quienes todavía deciden arriesgar su capital, cada ciclo agrícola representa una constante incertidumbre. Dependen de que lleguen las lluvias en la cantidad adecuada, sin vientos que dañen los cultivos ni precipitaciones excesivas que provoquen pérdidas.












