Senador patito

El representante de los damnificados del huracán Stan que arrasó en 2005, es decir hace casi seis años, Carlos Tapia, quien reclama la devolución de once mil millones de pesos cuya aplicación no fue debidamente acreditada por Pablo Salazar y sus funcionarios, denunció en Cuarto Poder hace unos días y lo reiteró en otro medio de comunicación ayer viernes, que el Partido del Trabajo le va a vender al ex gobernador en millonaria cantidad de dinero un asiento en el Senado.

La acusación hasta este momento no ha sido desmentida por ese partido político pese a que el señalamiento se ha ventilado públicamente ahora incluso en diferentes espacios radiofónicos. Silenciosos, los representantes del Partido del Trabajo que siempre aprovechan cualquier actividad por irrelevante que sea para promocionarla en la prensa, ahora no dan la cara para negar o reconocer lo que les está diciendo de frente el representante de los damnificados chiapanecos que todavía esperan la conclusión de los trabajos que quedaron inconclusos.

La versión ha tomado fuerza, pero es la actitud esquiva del Partido del Trabajo lo que lleva a pensar que podría ser cierto que Salazar pretenda colgarse de nuevo del erario y que hay un instituto político dispuesto a prestarse a ese fin. Ello también lleva a preguntarse qué puede aportar Pablo Salazar al Senado, esto independientemente de que lo que muchos chiapanecos desean es que sea enjuiciado por el desvío de recursos que fueron destinados a la reconstrucción.

Después del escándalo de la fasificación de su título profesional y de su cédula profesional, de la forma abusiva y autocrática en que se condujo una vez en el poder, del salvajismo que imprimió a la policía estatal para aplastar cualquier reclamo y exigencia de solución o justicia, después de que lanzó la policía al Tribunal de Justicia, de las persecuciones y torturas, amenazas, golpizas, encarcelamientos y asesinatos que sufrieron quienes únicamente planteaban demandas o hacían valer su legítimo derecho a disentir, después de todo eso, hora viene con que quiere de nuevo repetir en el Senado.

La carga de rencor con que ejerció el poder este individuo es de todos conocida, pero vale la pena recordar lo que hace unos meses le reclamó quien fuera su secretario de Seguridad, Mauricio Gándara. Él decía que Pablo era el verdadero secretario de Seguridad. Ajeno a la responsabilidad que le correspondía como gobernador, prefería desempeñar esa función. Es tal la calaña de Salazar que ni siquiera la gente a la que benefició, hoy lo tiene en buena memoria. Así es porque su rencor le impedía realizar el trabajo para el cual supuestamente resultó electo, pues las persecuciones y torturas, amenazas, golpizas, encarcelamientos y asesinatos necesitaban de quienes realizaran el trabajo sucio. Sólo Mariano Herrán podía estar satisfecho con encargo tan ruín.

Por otra parte, el Partido del Trabajo tiene la obligación de responder ya ante la sociedad a las acusaciones del representante de los damnificados.