Más allá de pensar que septiembre es un mes con actividades sísmicas o de terremotos, la población debe entender que lo más importante son las acciones de prevención en un estado en el que tiembla con frecuencia, remarcó la especialista en sismos e investigadora de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), Silvia Ramos Hernández.
Recordó que el movimiento de 8.2 de magnitud del 7 de septiembre de 2017 representa un evento histórico en Chiapas y México, tomando en cuenta que se trata de uno de los acontecimientos más fuertes en el último siglo.
Alta sismicidad
Ramos Hernández recordó que Chiapas, Oaxaca y Guerrero son entidades que concentran las mayores actividades sísmicas en el país; de hecho, en el territorio local se han reportado casi seis mil sismos en lo que va del 2026, incluyendo los generados por la actividad volcánica.
La investigadora remarcó que una de las claves es que las construcciones se hagan cada vez mejor y que la población se prepare para abordar los temas de los sismos.
A nueve años del terremoto, recordó que las réplicas se extendieron por algunos años, debido a la ruptura que se generó en las placas tectónicas.
Mitos
Consideró que ahora hay más conciencia en la población sobre el riesgo sísmico; sin embargo, todavía aparecen algunos mitos respecto a estos fenómenos y algunas personas se dejan llevar por información que no tiene base científica.
La también académica comentó que las decisiones que se toman en los primeros segundos en que ocurre un temblor determinan cómo se librarán los movimientos, sobre todo los de mayor magnitud.
Aunque existe una percepción de que actualmente están ocurriendo más sismos, la especialista remarcó que el contexto muestra que en el siglo pasado ocurrieron ocho temblores importantes en la entidad y fueron con magnitudes mayores a siete.
“Estamos hablando que hay un sismo fuerte cada 10 a 15 años, más o menos. En lo que va de este siglo ya tuvimos dos sismos importantes”, remarcó.
Finalmente, la población también debe comprender que los sismos pueden generar un peligro para la población, debido a la cantidad de energía que liberan las placas tectónicas y suelen ocurrir con movimientos de grandes magnitudes.












