Sequía pone al borde de la quiebra a campesinos

En la región Frailesca, la sequía ha puesto en riesgo hasta el 40 por ciento de los cultivos de maíz. Diego Pérez / CP
En la región Frailesca, la sequía ha puesto en riesgo hasta el 40 por ciento de los cultivos de maíz. Diego Pérez / CP

“Alrededor de 100 mil hectáreas de cultivos y tierras ganaderas ubicadas en diferentes regiones de Chiapas han sido afectadas por sequía causada por el fenómeno de El Niño, lo que tiene a más de 10 mil campesinos de la frontera sur del país al borde de la quiebra, según reportes de agosto de 2026”, afirmó Antonino García, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

Agregó que las regiones más afectadas hasta el momento son sierra, la selva, meseta comiteca, Palenque y la depresión central, al tiempo de manifestar que la sequía “ya está dejando en Chiapas una estela de cultivos perdidos, campesinos en la quiebra y una crisis humanitaria que se agrava día con día”.

Aseveró que “en la región de la Frailesca, la sequía ha puesto en riesgo hasta el 40 por ciento de los cultivos de maíz, la base alimentaria de miles de familias; igual en la región meseta comiteca son 45 mil hectáreas” de maíz impactadas.

“Chiapas es el epicentro de la crisis: Sequía, hambre y desesperación. Los efectos no están en el futuro: Ya son una realidad”, subrayó el investigador en un documento, quien remarcó que los campesinos de Comitán y La Independencia, por ejemplo, “están desesperados”.

Impacto

Señaló que “el impacto no es solo económico. La experiencia de eventos anteriores (1997-1998 y 2015-2017) muestra una espiral de consecuencias que rara vez se mencionan en los informes oficiales: Migración forzada: La falta de empleo y alimentos empuja a las familias a abandonar sus comunidades; incremento de la violencia: La competencia por recursos escasos (agua, tierra, alimentos, empleo) exacerba los conflictos sociales; crisis de salud mental: La depresión y la desesperanza, sobre todo entre adultos mayores que ven derrumbarse su mundo, son un factor silencioso pero letal”, además de que “Chiapas, que ya tiene los índices más altos de marginación y pobreza del país, se convierte así en el termómetro de una falla sistémica”.

Expresó que “si el pronóstico es alarmante, la capacidad de respuesta institucional es aún más preocupante. Una investigación realizada entre 2017 y 2018 para el libro La cuenca del río Usumacinta desde la perspectiva del cambio climático, editado por la Universidad Autónoma Chapingo y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)”, coordinado por él y su colega Denise Soares, “reveló un dato escalofriante: De las 72 estaciones meteorológicas que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) tenía registradas en esa cuenca, solamente 28 generaban datos congruentes. El resto operaba con información inventada por el propio personal”.

Conocimientos ancestrales 

Pero el problema no es solo climático, aseveró, ya que “investigaciones científicas y la propia negligencia documentada revelan que el sistema de monitoreo meteorológico en México está en ruinas: Estaciones con datos inventados, radares abandonados y una desconexión total entre el conocimiento científico y el saber ancestral de los pueblos campesinos e indígenas, que durante nueve mil años han sabido leer el cielo y la tierra”.

García también dijo que “uno de los aspectos más críticos y menos discutidos es la desconexión entre la ciencia oficial y el conocimiento campesino e indígena. Mientras el Servicio Meteorológico Nacional presenta diariamente sus pronósticos en pantallas de computadora y se interpretan por expertos, esa información no llega a los territorios. No existe un plan para traducirla, difundirla y, sobre todo, combinarla con el conocimiento ancestral que los pueblos campesinos e indígenas de Chiapas han acumulado durante milenios”.

Sostuvo que “ese saber, basado en la observación del comportamiento de aves, la floración de plantas, la posición de las estrellas, la dirección del viento, la luna, ha permitido a las comunidades tomar decisiones cruciales: Sembrar porque va a llover, o no sembrar para no perder la semilla. Ignorar este conocimiento no es solo un acto de negligencia técnica, sino de desprecio cultural que condena a las comunidades a la indefensión”.