"El narcotráfico en México es mucho más que una pelea entre policías y criminales. Para cientos de miles de personas es casa, vestido y comida. Cuando menos medio millón de mexicanos viven de la producción o comercialización de drogas ilegales, según los cálculos de la Sedena. Fumigar plantíos de amapola y encarcelar narcomenudistas no resolverá ese problema.
El arraigo social que aún tienen los narcos entre ciertos estratos de la población viene de los empleos, caminos, parques, escuelas y templos que construyen. Contrario a lo que podrían hacernos pensar las imágenes de pantalla, no sólo hay sicarios y capos en el proceso de elaborar y transportar droga; también hay campesinos, choferes, pequenos comerciantes que trabajan en la ilegalidad más por necesidad que por deseo de opulencia.
El ejemplo más ilustrativo es el de los indígenas: 45 de cada 100 ocupados en el sector primario no reciben salario. Se mantienen de lo que producen o intercambian, mientras que 34 de cada 100 gana menos de un salario mínimo. Por eso familias indígenas que habitan la Montana de Guerrero eligen la siembra de amapola. Nunca podrá tener éxito una estrategia antinarcóticos que ignore esa realidad.
Veámonos en el espejo más cercano. La política del Estado colombiano y del gobierno estadounidense ha sido la erradicación de cultivos mediante fumigaciones a gran escala, la destrucción de infraestructura del narco (laboratorios y pistas) y la persecución a los traficantes. zQué pasó? 30 anos después Colombia sigue siendo el mayor productor de droga del mundo, sólo ensombrecido últimamente a nivel de trasiego por México.
El Programa Sectorial de Defensa Nacional 2007-2012 del Ejército mexicano tiene como meta disminuir el área de siembra de enervantes en 70%. zCómo? Con ""un total de 168 operaciones de alto impacto"". Vamos por el mismo camino.
Una verdadera estrategia integral de seguridad debe incluir alternativas para quienes se ven forzados a ingresar en alguna etapa del negocio del narcotráfico. Es importante invertir en armas y en cárceles, pero no más que en programas de empleo y capacitación. Al final, siempre habrá alguien dispuesto a ser narco si tiene que elegir entre tener un trabajo legal o comer. (El Universal)
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