Desde hace tres años, el ruido de las teclas contra el papel se ha ido “apagando”. En Tuxtla, con el paso de la modernidad las Olivetti y Olympus han sido sustituidas poco a poco por los ordenadores de tecnología de punta.
Al igual que las máquinas mecánicas, una de la profesiones que más demanda llegó a tener en la década de los 70 y 80, ahora se ve amenazada con desaparecer debido a la digitalización de los formatos de texto.
La carrera de secretaria ejecutiva, la cual era impartida en instituciones de educación media superior y reconocida por sus amplios conocimientos en redacción y mecanografía, se está extinguiendo a tal grado que en algunas secundarias se imparte únicamente como materia de taller.
En el corazón de Tuxtla, Shalom es uno de los últimos escritorios públicos que elabora documentos con máquinas de escribir mecánicas.
Situado sobre la Primera Norte, entre la Segunda y Tercera Oriente, en un espacio que se ha visto reducido a la mitad por el desplome de la elaboración de documentos a máquina, Shalom cuenta con cinco hábiles mecanógrafas que elaboran y redactan documentos de la forma tradicional.
Ganancias
Las mujeres, con más de 20 años en la profesión, aún recuerdan los días en que elaboraban 50 documentos en 8 horas, lo que han quedado atrás.
María del Carmen Mendoza Pardo lleva 20 años laborando en el escritorio. Comparte que el costo por trabajo o por hoja redactada varía entre los 20 y los 25 pesos, de los cuales gana entre siete y doce pesos por cada uno.
“Redactamos y escribimos documentos principalmente dirigidos a dependencias de gobierno”, refiere.
Pese a que al día elaboran de uno a diez documentos, las mujeres se muestran alegres y entusiastas; Blanca Irma Samayoa Gumeta, quien labora como secretaria desde 1972, asegura que el oficio “nunca va a desaparecer pues todo jefe necesita una asistente o secretaria”.
En el escritorio las mujeres apoyan a personas que acuden incluso cuando “no saben ni lo que quieren poner en el oficio o documento”.
Beatriz Martínez Gallegos, con 10 años de trabajo en el lugar, expone que frecuentemente llegan al escritorio personas que no saben leer o escribir y difícilmente saben lo que quieren expresar.
Sin embargo “nosotras lo hacemos. Nos dan la idea y aquí le damos forma al texto. Generalmente son documentos dirigidos a Gobierno del estado para solicitar ayuda para los parajes o comunidades de Chiapas”.
Modernizarse o morir
Al escritorio se han incorporado jóvenes redactoras que han optado por aprender el uso de las máquinas mecánicas. Mónica y Madaí Perez Aguilar, de 22 y 25 años respectivamente, laboran desde hace cinco años en este antiguo y casi extinto oficio.
Las mujeres con más experiencia aseguran que las nuevas generaciones no muestran interés en aprender a usar máquinas de escribir mecánicas, más bien muestran inclinación por el uso de computadoras y navegar en Internet.
No así las hermanas Pérez Aguilar, quienes han aprendido en Shalom el uso de la máquina de escribir, además de realizar documentos en computadora, como un esfuerzo para evitar que el establecimiento cierre por completo.
Las hábiles mecanógrafas coinciden en que “si una persona sabe utilizar máquina mecánica, puede utilizar una máquina eléctrica y por ende una computadora. La orientación del teclado es la misma”.
La mayor demanda que el escritorio público tiene es la elaboración de documentos, formatos dirigidos al gobierno, así como a diferentes dependencias como el SAT y Hacienda.
En los meses de junio y julio el llenar certificados de primaria representa el mayor ingreso para el lugar.
Hasta hace cinco años, en la misma dirección existían tres escritorios públicos, de los cuales Shalóm es el único que continúa laborando, a pesar de que en el 2012, con la reducción de las calles del centro de la ciudad, sus ingresos se vieron severamente afectados.
“Somos sobrevivientes. Nos afectan también los plantones, la proliferación de los ‘Cibers’, y que la gente ya casi no viene”, señalan.
Las academias de mecanografía han desaparecido; Shalom es el escritorio que después de 40 años sigue funcionando y se resiste a desaparecer. El motivo es el amor a la profesión de las cinco mecanógrafas que allí realizan su labor.
En este panorama surge una nueva amenaza para el escritorio público ante lo cual poco o nada se puede hacer. A partir del ciclo escolar del 2016 los certificados de primaria serán enviados completos a las escuelas, sin la necesidad de ser llenados a máquina.
Esto que podría representar la última estocada para el escritorio. “A ver cómo nos va con esos cambios”, dicen.
Al término de la plática las mujeres, siempre sonrientes, dicen que “ojalá que muchas personas lean la nota y nos lleguen muchos clientes”.












