Sin naves| aún cobran marinos

"En vísperas del septuagésimo aniversario de la expropiación petrolera, Pemex está en el ojo del escrutinio público, como pocas veces en su historia.

Ocurre así, porque perdemos competitividad al haber dejado de explorar y refinar y por haber antepuesto a los propósitos originales de asegurar el abasto de hidrocarburos y fomentar el desarrollo industrial, la obligación de cubrir el déficit de las deficiencias de una política hacendaria para la que aún existen los intocables.

Pero también por muchas oscuras historias de corruptelas, latrocinios, abusos y conflictos de intereses que revelan cómo el de Pemex es un problema, básicamente, de estructura.

Hoy nos enteramos de que, vendida más de la mitad de la flota de barcos-cisterna, sus tripulaciones perciben todavía salarios y prestaciones completos, que en cinco anos suman ya 2 mil 700 millones de pesos, gracias a la intransigencia del Sindicato Petrolero.

Está muy bien preservar los derechos de los trabajadores, pero es absurdo mantener vigentes a éstos cuando ya se extinguió la materia laboral. Se insiste en una ficción que no sólo merma el patrimonio de la empresa -cuyo cuidado es también responsabilidad de los trabajadores- sino que prostituye la relación obrero-patronal entera.

Nadie quiere que los marineros pierdan su trabajo, pero si los que se perdieron fueron los barcos, hay que buscar otra ocupación a sus tripulantes o destinar sus plazas para los exploradores y refinadores que se necesitan y para los cuales no hay recursos disponibles.

Esto no es tema de negociación, sino de elemental sentido común.



La verdadera equidad de género

Dejemos a un lado las obviedades respecto a la mujer. Ya sabemos que ""hay avances"" y ""hace falta mucho por hacer"". zQué sigue?

La violencia y la discriminación aún se mantienen en políticas públicas que, paradójicamente, buscan lo contrario o intentan enaltecer supuestas ""virtudes femeninas"" que no son más que lastres de la estigmatización social.

Con el objetivo de ""disminuir"" actos de corrupción las policías han sustituido a hombres por mujeres. La explicación, dicen, es que son menos ""corruptas"". También se acaba de aprobar una ley que condena las miradas ""lascivas"" de hombres hacia mujeres, no al revés. Suponer que las mujeres son más honestas, más sensibles, menos ""lascivas"" implica atribuirles características inherentes a su femineidad que son justo las mismas que las han mantenido alejadas de puestos que requieren facultades supuestamente masculinas.

Parece que se les reconoce cuando, en realidad, se las estereotipa. Las mujeres son iguales a los hombres; sólo por sexo es que son distintas. Ninguno es superior al otro; ni mejor, ni peor en nada, sólo diferentes.

Las mujeres no necesitan medidas coercitivas hacia los hombres ni requieren ser llevadas de la mano para conseguir el éxito por sí mismas. Sólo les hacen falta garantías para tener a su alcance las oportunidades, sin ventajas ni obstáculos. (El Universal)

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