Sindicalismo en la mira

"Lo que sucedió en la siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Sicartsa) -donde un desalojo de empleados en huelga terminó con dos trabajadores muertos- es producto de lo que ha sido por décadas el sindicalismo en México: un espacio donde autoridades, partidos políticos y dirigentes sindicales han metido mano para beneficiarse a costa del esfuerzo de los trabajadores. En particular, lo que sucedió el jueves en esta planta michoacana es la trágica consecuencia a una serie de desaciertos cometidos por todos los actores involucrados en el conflicto. Primero al existir una dirigencia sindical viciada de origen, cuyo líder recibió el sindicato como herencia y no en condiciones democráticas; un Gobierno Federal que tras la explosión de Pasta de Conchos decide reconocer de manera irregular a otra dirigencia minera; un paro en Sicartsa, no para proteger a los trabajadores, sino para defender a uno de los líderes sindicales; una empresa que despide inopinadamente a los paristas; y, para acabar de redondear el cuadro, el acuerdo entre el Gobierno de Michoacán, que encabeza Lázaro Cárdenas Batel, y el Federal, del presidente Vicente Fox, para desalojar a los huelguistas, sin negociación de por medio, sin capacidad negociadora ninguna y con extremo uso de la fuerza. En este caso no se trata de deslindar responsabilidad y buscar culpables, sino que todos admitan que pusieron de su parte para que acabara en tragedia y enmendar sus errores para llevar a buen puerto el diálogo que debe imperar. En el intento del desalojo, jamás debieron usarse las armas, que son el último recurso del Estado para vencer a sus enemigos. Los trabajadores, así se encuentren realizando una huelga declarada ilegal o en respaldo de uno de sus líderes, no son enemigos de la patria.

""Faltó capacidad de negociación política de las autoridades de la Secretaría del Trabajo, de los duenos de la planta, de los trabajadores atrincherados y del Gobierno Estatal para que se impusiera el Estado de Derecho."" De aquí en adelante lo que se impone en este caso es no abandonar la senda de negociación, de diálogo con los obreros, lo que no necesariamente significa el camino de la claudicación gubernamental o la falta de firmeza. Un conflicto de este tipo es indeseable en cualquier momento, pero es aún más inoportuno en ano electoral, con el entorno político crispado, con las sensibilidades a flor de piel, y con un país que lo que menos necesita son problemas sindicales ni violencia. Urge que todos los actores involucrados en este asunto acometan con un alto grado de disposición y tolerancia las negociaciones que deben darse para que Sicartsa reabra, sin que en el camino se viole la ley o, peor aún, salgan afectados los derechos humanos de trabajadores o ciudadanos en general. Es tiempo de hacer política y dialogar. Las posiciones extremas, las armas y las diatribas no son parte del México que la sociedad merece. En todo caso, los violentos e intolerantes han de quedar expuestos si a la sinrazón se opone la cordura. La prudencia y un alto sentido de la legalidad, que es lo que ha faltado durante muchos anos en el sindicalismo mexicano, deben predominar para renovar una situación que ya resulta onerosa (El Universal).

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