Sindicatos del siglo pasado

Los vientos de la democracia apenas si han rozado el mundo del trabajo, así lo advirtió a principios de esta década la estudiosa del sindicalismo mexicano Graciela Bensunsán. Hoy, el gremio de los electricistas nos recuerda que nada ha cambiado desde entonces, ya no digamos en la última década, sino en más de medio siglo.

A pesar de la alternancia en el poder presidencial, de la pluralidad en el Congreso y de la diversidad partidaria en todos los órdenes de gobierno, las relaciones laborales en México siguen siendo tan verticales y autoritarias como hace 20, 40 o 60 años. Quizá incluso sean peores ahora porque en el pasado la influencia de los líderes sindicales terminaba donde comenzaba la del Presidente; en cambio, en últimas fechas han sido ellos quienes imponen su voluntad.

Trátese de Carlos Romero Deschamps, Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia o Martín Esparza, cada uno en su momento ha desafiado a los funcionarios de más alto rango en el Estado y por lo general han salido triunfantes. De todos sus logros, el mayor ha sido mantener intocada la legislación laboral, gracias a lo cual nueve de cada 10 sindicatos en el país son organizaciones que cobran cuotas a los trabajadores pero no defienden sus derechos porque en la realidad no existen.

El mayor rezago autoritario en el mundo del trabajo estriba en la inexistencia de un tribunal jurisdiccional dedicado a impartir justicia, en vez de la anquilosada estructura de las juntas de conciliación y arbitraje que son, en los hechos, un instrumento para la manipulación política.

El día que se reforme la Ley Federal del Trabajo se dará certidumbre a la relación entre los trabajadores y las empresas. En ese mismo instante los poderosos barones del sindicalismo pasarán a ser una penosa, pero superada, parte de nuestra historia.

El Universal