PUBLICADO 8 DE JULIO DEL 2001Carlos Herrera / CPA casi un mes de que ocurriera en Napité una tromba que devastó a esta comunidad, la situación es casi la misma. Casas sin techo y la escuela destruida, es tan solo una muestra de la situación que persiste en este poblado, municipio de San Cristóbal de Las Casas.
Los pobladores sostienen que el alimento que entregó el gobierno fueron despensas caducas. “Por eso estamos necesitando ayuda para la comunidad, pero el Gobierno no nos apoya”, dijo Agustín Gómez Hernández, auxiliar de salud de este pequeño lugar.
Los salones de la única Escuela Primaria Primero de Septiembre están destruidos. Los niños perdieron un mes de clases, y es posible que no terminen por completo el curso escolar, “por eso queremos que nos solucione pronto el gobierno, que no engañe”, reiteró el indígena.
A parte de que sigue destruida la escuela, la cocina de los maestros también está en situación similar.
Siguen en desorden los pupitres, pedazos de madera, láminas rotas y desclavadas, lo que provocó la tromba que arrasó el lugar, aquel triste y peligroso 9 de junio.
El Gobierno del estado, a través de la Secretaría de los Pueblos Indígenas (Sepi), entregó a las 85 familias afectadas un total de dos mil 750 láminas de zinc, en beneficio de cada familia con 25 unidades para cada una, y demás apoyos como despensas de frijol, enlatados y otros productos.
El secretario de Pueblos Indios, Porfirio Encino, explicó hace casi un mes que el gobierno iba a reparar todos los daños, y que incluso la Comisión de Construcción de Escuelas (Cocoes), estaba evaluando la situación de la escuela que resultó destruida.
Ahora, a dos días de cumplirse un mes de los hechos, los pobladores denuncian que las despensas habían caducado, y que el gobierno no cumplió en reconstruir la escuela, la casa ejidal, la casa de salud, la cocina de los maestros, todo cual quedó destruido por la tromba.
El temor de que se registre otro hecho similar al del 9 de julio persistente en el recuerdo de la población.
No olvidan que tan fácil cuando el fuerte viento y la intensa lluvia arrancó cercas de madera, levantó láminas, incluso de asbesto, y mató a un caballo y otros animales.
“Tenemos todavía el espanto. Que tal si viene otra vez la tromba, tenemos miedo, pero estamos un poco tranquilos”, indicó Isabela Hernández, una de las mujeres afectadas de este poblado tsotsil, en el que los hombres se dedican a cultivar el campo, sembrando maíz y frijol.
Tal vez lo más curioso de la tromba es que desde el 9 de junio no ha llovido en este lugar.
Eso puede afectar el maíz de los campesinos, cuyas milpas están de medio metro.
“Ahora queremos que llueva un poquito, por que se puede secar la milpa”, dijo Martín Díaz.
“Pedimos a Diosito que no vuelva a suceder otro tormento que pasó”, expresó Martín Díaz, habitante de este lugar, cuyo único acceso es por un desvío cercano al municipio de Amatenango del Valle, a unos 40 kilómetros de la cabecera de San Cristóbal de Las Casas.












