La modificación de las construcciones sin conocimiento alguno incrementan su vulnerabilidad ante un sismo. Es muy común en México que las personas construyan una o dos plantas más sobre sus viviendas, pero sin recurrir a un especialista.
Diferentes estudios sugieren que más de la mitad de los edificios que se cayeron por el terremoto de 2017, fue porque estaban alterados de alguna forma, es decir, por abrir una ventana, extender un techo, construir un piso extra sin analizar antes la estructura.
Lo anterior, lo comentó Óscar Castro, sismólogo especialista y docente de tiempo completo en el Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), durante una ponencia que ofreció a estudiantes de la Licenciatura en Ciencias de la Tierra.
Mitos telúricos
Mencionó que es un mito que tiemble más en septiembre, ya que no hay pruebas científicas que así lo confirmen. Un sismo no se puede predecir a pesar del avance de la tecnología, pues se trata únicamente de coincidencias en México, pero no es que sea “temporada de sismos”.
También es un mito que está temblando más que antes, lo que pasa es que en los últimos años se cuenta con más estaciones de monitoreo, por lo que se registran más sismos. Tampoco hay evidencia científica de que tenga relación con el cambio climático.
Respecto al sismo del 7 de septiembre de 2017 (7S), indicó que se tiene un registro de una cantidad inusual de réplicas, con más de 20 mil hasta hoy en día; por lo regular, los sismos de esa magnitud (de 8.2) no tienen tantas. Estas se distribuyeron principalmente en dos zonas, una de ellas paralela a la Costa.
La réplica más grande fue el 23 de septiembre del mismo año, siendo las 07:53 hora local y con una magnitud de 6.1. Al menos cuatro réplicas tuvieron una magnitud de 5.8, algo poco inusual para ser un sismo tan grande.












