Sistema de salud enfermo

"La pobreza extrema se manifiesta por la falta de acceso de la población a los servicios sociales básicos: alimentación, vivienda, salud o educación. Hoy que es Día Mundial de la Salud, sobrecoge conocer el catastrófico estado que guarda nuestro sistema de atención de salud pública.

De acuerdo con la medición de la pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), prácticamente uno de cada dos mexicanos no tiene acceso a dichos servicios. Terrible realidad que exige explicación.

Pocas pérdidas patrimoniales son tan severas para una familia que un pariente enfermo. Al año, una de cada cinco familias se queda sin su patrimonio por esta circunstancia, al no contar con protección para atender los gastos que exige una enfermedad súbita, un grave accidente o las patologías propias del avance de la edad. Se acude a préstamos prácticamente impagables o a la venta de los pocos bienes con que se cuenta: el auto, la casa, las herramientas de trabajo.

Es contradictorio que seamos, como país, la economía número 15 del mundo, y casi la mitad de la población no tenga acceso a servicios de salud.

La enorme cantidad de recursos contrasta con el muy ineficiente y fragmentado sistema de salud pública (IMSS, ISSSTE, SS, DIF), que por cierto obtiene financiamientos nada despreciables vía las cuotas obrero-patronales y a través del presupuesto de la federación proveniente de los contribuyentes.

Todo indica que el problema radica en una equivocada administración. Los recursos aprobados anualmente por el Congreso para este rubro llegan muy mermados al momento en que un paciente requiere atención médica. El dinero se va perdiendo en burocracia, en sindicatos privilegiados, en la ineficacia de los administradores hospitalarios y por la corrupción en contratos, licitaciones y subrogaciones.

En un libro de reciente publicación, ""Buenas intenciones, malos resultados"", del ex director del IMSS, Santiago Levy, se afirma -con obvio conocimiento de causa- que México podría contar con un sistema único de atención social en salud, con sólo modificar el diseño de gestión sanitario. Es decir, el tema no es de dinero, es de eficacia gubernamental, de capacidad de ejecución.

Hay que decidirse a enfrentar a los grandes sindicatos, así como a toda la serie de intereses que lucran con un bien tan preciado, como lo es la vida humana. Valdrá la pena. (El Universal)

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