Sobre el desarrollo económico y político

"Francisco Valdés Ugalde * El Universal. a semana pasada me referí a un tema que provocó reacciones de varios lectores. Por eso lo abordo de nuevo. La idea central es que para que un país sea exitoso en su desarrollo económico y político debe convocar la imaginación colectiva para formular políticas que desde dentro de la propia realidad (siempre singular para cada país y región) se produzca una combinación de esfuerzos de la sociedad para conseguir un buen desempeno. Este buen desempeno está relacionado con la capacidad de esa sociedad para darse un marco de convivencia civilizado, justo y confiable. Y esta capacidad se deriva directamente de otra: la de crear instituciones y formas de comportamiento de los actores que toman decisiones en todos los niveles (tanto ""macro"" como ""micro""), de modo que hagan sinergias para cumplir propósitos colectivos y satisfacer, a la vez, sus propios intereses sin conflictos graves.

Entre los arreglos institucionales más importantes están la formulación (y arraigo en la conciencia pública) de los derechos impersonales. Éstos son el instrumento básico para emparejar el terreno del juego. Cuando hay jugadores de primera, de segunda y de tercera, etcétera, es evidente que no se cumple el principio básico de equidad, que es fundamento de esos derechos. Los de primera estarán atentos a satisfacer su interés aprovechando el sistema de privilegios que permanecen cerrados para los demás, y estos últimos tendrán interés, siempre, por sacar las mejores ventajas posibles sin pagar los costos de cooperar con los demás dada la ausencia de reciprocidad. Un ejemplo elemental se puede encontrar en el sistema fiscal: los de arriba pagan más que todos los demás, pero evaden todo lo que pueden o tuercen las reglas para aportar lo menos posible; los del medio quedan cautivos y en manos de cobranzas ineficientes, injustas y hasta draconianas. Y los de abajo, la gran mayoría, simplemente evaden, hacen uso de los bienes públicos de mala calidad (recordemos los ""diablitos de la luz"") como piso para sobrevivir, hostiles y hostilizados, sin interés alguno por integrarse y cohesionarse con el resto.

Así, triunfan la segmentación y el conflicto, y permanece ausente el sentimiento de pertenecer a lo mismo.

La historia económica demuestra que sin el Estado las condiciones favorables al desarrollo no se crean. Pero zqué es el Estado? Tampoco para esto hay respuesta fácil. Por lo pronto, no es el gobierno, pues éste es un resultado de aquél. El Estado es más que eso, es el conjunto de acuerdos que mantienen ligado a un país y que alcanzan una síntesis en la organización del poder político. En este poder residen la calidad de la representación, la naturaleza del derecho en sentido práctico, y la amplitud y calidad de las oportunidades que la patria da a sus hijos, por decirlo con cursilería declamatoria.

Ahí está el quid de la cuestión. Escindir Estado y mercado para explicar separadamente el desarrollo político y el económico es un sinsentido, como lo es la idea de que los mercados pueden funcionar solos. Son los sistemas de reglas, asumidas o impuestas, o parte y parte, y la coordinación social que producen, los que hacen que un país tenga un desempeno virtuoso, en mercados y Estados equilibrados desde abajo por los ciudadanos. No hay otra manera. Juzgue usted, lector, en dónde estamos.

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Investigador del Instituto deInvestigaciones Sociales de la UNAM

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