Sobreviven 300 guacamayas en la Selva Lacandona

Sobreviven 300 guacamayas en la Selva Lacandona

Los trabajos de investigación que se han realizado sobre la reserva natural protegida de Montes Azules, revelan que en los alrededores de la Selva Lacandona apenas sobreviven unas 300 guacamayas rojas, esto debido al deterioro de los recursos naturales en la zona, comentó Ruth Alvarado Rodríguez, consultora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el lugar.

Entrevistada sobre el tema, comentó que el número de la población de estos animales está bastante diezmado; se extraen los polluelos, los huevos, y hasta la venta ilegal de los ejemplares, es una situación que las pone en alto riesgo de desaparición.

El Programa de Monitoreo Biológico en Montes Azules se realiza cada año; las estrategias incluyen la colocación de cámaras trampas (que registran mamíferos medianos y grandes) para analizar cómo están las especies de jaguares, tapir, puma, ocelotes y las aves que están en peligro.

Adicional a ellos, los recursos económicos permiten la contratación de personal comunitario, ya que son ellos quienes realizan los recorridos por los lugares estratégicos que tiene la reserva. Estas acciones permiten encontrar huellas o avistamientos de las especies; adicional a ello, los trabajos de investigación han dado como resultado el hallazgo de ejemplares que son emblemáticos, como el tapir o el pecarí de labios blancos, este último en riesgo de forma alarmante.

“Hemos logrado captarlos en cámaras trampa, inclusive tener registros de su movilidad; las poblaciones, sí podríamos decir que eran amenazadas, dado que el ambiente en el que se desarrollan se ve más disminuido por el incremento de la población, de las actividades agrícolas”, remarcó la investigadora.

Debido a la extensión de Montes Azules, una reserva con 331 mil 200 hectáreas contempladas en el decreto, el registro de nuevos especímenes se complica; aunque no existen datos específicos para informar de forma detallada el número de ejemplares que sobreviven en el lugar, existe un esfuerzo interinstitucional para sistematizar la información, a fin de tener una estimación anual de los ejemplares que habitan el lugar.

Sobre los recursos económicos, enfatizó que son necesarios y se utilizan para vigilar a los mamíferos más grandes a través de las cámaras trampas; los materiales son costosos y, en algunos casos, se vuelven inaccesibles o no se tienen en nuestro país.

“Sí es complicado tener este tipo de equipamiento; las cámaras sirven para avistamiento de aves para registro. Nos enfrentamos a una situación complicada en términos del acceso a los recursos para poder realizar estas acciones”, mencionó.

El despliegue que han hecho sobre la parte sur de la reserva incluye la instalación de 10 equipos, los cuales se colocan con una separación de mil metros que forma parte del protocolo de monitoreo de las especies, es decir, abarcan 20 mil hectáreas en Montes Azules.

Para este 2020, añadió, continuarán con las actividades que tienen establecidas en una agenda pero que, con la llegada del Covid-19, parte de las acciones sí se han visto afectadas, particularmente, el tema del combustible para moverse de un punto a otro.

En el caso de las cámaras trampas, añadió, se hace mediante una programación mensual (con la revisión de pilas) y, de acuerdo con el plan que tienen, se tiene previsto la instalación de otros equipos en parte de terrenos que están adjuntas al territorio, para conocer más sobre la conectividad ecológica que tienen con Montes Azules.

Lo más importante, remarcó, es que se fomente la protección de las áreas naturales, que la población evite la compra y la extracción de la fauna silvestre y de pieles animales que provengan de la Selva Lancandona.

Finalmente, Alvarado Rodríguez consideró que las especies en Montes Azules están en constante presión por el cambio de uso de suelo, la cacería furtiva y el crecimiento desmedido de la población en las Áreas Naturales Protegidas (ANP), pero los esfuerzos de conservación siguen vigentes.