Sobreviviente pide ayuda

"Carlos Herrera * CP. La niña Zenaida Pérez Luna, sobreviviente de la masacre de Acteal, solicita ayuda al gobierno para que su rehabilitación sea permanente. Aun cuando ha recuperado parte de la vista, ella sigue padeciendo los efectos de este multihomicidio, los daños colaterales, el miedo.

El tío de Zenaida, Vicente Luna Ruiz, informa que su sobrina ""ha dejado de comer, a veces come sólo una vez, porque recuerda la muerte de sus padres y tres hermanos; cuando sus padres recibieron los balazos estaba ella, vio como cayeron en ese momento, no le da ganas de comer, le da tristeza"".

En entrevista, Vicente Luna, quien traduce las palabras de Zenaida que sólo habla tzotzil, reconoce que ella ""va atrasada en la escuela, porque no mira bien o hay veces que se pone retirada del maestro, por eso necesita una escuela de educación especial, porque ella dice que quiere seguir estudiando"".

A pocos días del séptimo aniversario de la masacre, Zenaida sólo distingue los colores claros, su vista es limitada debido al rozón de bala que recibió en la cabeza durante el multihomicidio. Los médicos de la Ciudad de México que la atienden ""le dicen que va bien, pero ella requiere una terapia permanente"".

Como consecuencia de lo que vivió hace siete años, Zenaida se muestra un tanto nerviosa, a veces callada, con la mirada triste, pero le gusta estar con su abuela Catalina Ruiz Pérez, aunque en ocasiones prefiere ir a la casa de su tía para no estar mucho tiempo en la choza donde vivían sus padres.

Zenaida, quien ahora cuenta con 10 años de edad y cursa el tercer año de primaria, vive en una casa de madera, rodeada de árboles, juega con sus amigos, pero el usar un bastón de plástico para caminar ""le provoca cierta verg¸enza, no estamos acostumbrados, acá no utilizamos lentes ni bastón"".

Lo que ya la tiene acostumbrada son las entrevistas y las fotografías. El tío de ella, quien fue parte de los mil 700 desplazados por la masacre, agradece a los periodistas que difunden esta situación.

El indígena Vicente Luna habla también por los otros dos niños, Efraín Gómez Pérez (nueve años) y Jerónimo Vázquez Pérez (10 años), que viven los mismos efectos que Zenaida y que también requieren de una rehabilitación, con maestros de educación especial y terapias permanentes.

Efraín, quien resultó con herida en el maxilar, cursa el segundo año de primaria en la escuela Vicente Guerrero, donde su maestro atiende a 45 niños más. Es la misma escuela a la que va Zenaida. Y Jerónimo, quien perdió tres dedos de la mano derecha, vive en Quextic, en el municipio de Chenalhó.

Todos ellos, miembros de la organización Las Abejas, son parte de los 26 indígenas heridos durante la masacre; heridas de bala y de machetes que les sigue causando daño psicológico, como ocurrió una vez cuando en la base militar cercana a la casa de Zenaida los soldados hicieron disparos.

Por la masacre de Acteal, la PGR detuvo a 87 indígenas -entre priístas y cardenistas- seis de ellos ya fueron liberados-, procesó a 14 ex servidores públicos, entre policías y un militar, pero faltan por ejecutar 29 órdenes de aprehensión y tampoco se ejerció acción penal contra altos ex funcionarios.

Después de la masacre, Acteal se convirtió en un lugar visitado por miles de personas que solidariamente, al igual que organismos internacionales, apoyan para que sigan luchando por la justicia, por la paz y por los derechos indígenas, lo mismo que hacían aquel 22 de diciembre de 1997.

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