"Son muchos los actores que tienen voz pública o que por el peso de su opinión figuran con frecuencia en los medios de comunicación, que se han referido reiteradamente a la sociedad civil, un término acuñado recientemente. Los hay quienes se refieren a esa sociedad civil, otros que se arrogan el derecho de hablar por ella y algunos hasta dicen ser los representantes en mesas, foros y conferencias de diversa índole, pero ¿qué es la sociedad civil?
En el pasado, un dirigente hablaba de un diálogo con esa sociedad civil, otros líderes de partidos, conductores de organizaciones sociales y campesinas, así como representantes de ciertos grupos la citan, sin que una gran mayoría de ciudadanos pueda bien ubicarla.
¿Serían los empresarios -ese sector de la sociedad trascendente e importante- por sí mismos en un momento dado, los representantes de la sociedad civil, quienes podrían hablar en su nombre? Evidentemente no. ¿O habrá algún otro que pueda tener toda la representatividad? ¿Quién podría de igual manera manifestarse por ella, expresar sus preocupaciones, sus demandas más sentidas, aquellas que abracen todo ese conjunto complejo, pluricultural, multiétnico-lingüístico y todavía estratificado en clases?
Los campesinos hablarán por los campesinos y los empresarios por los empresarios, así como los profesionistas, artesanos, obreros y demás lo harán por la defensa de los muy legítimos intereses que tengan y deseen sostener, por ello cuando se habla de sociedad civil, aquella que va a representar a todo un conglomerado tan vasto y variado, alguien podría con todo el derecho preguntarse: ¿y quién hablará por mí? Y es que es cierto, allá un grupo de personas puede hablar en representación de la sociedad civil, pero quiénes son.
Si la sociedad civil no es otra cosa que el pueblo llamado así ahora por una moda, habremos de aceptar el grave riesgo que hay de caer en la demagogia y en peores complicaciones, sobre todo en tiempos como éstos, al hablar a nombre del pueblo, al adjudicarse sin previo consenso una representatividad y aún más, al presentarse como depositario de aspiraciones, a pesar de que nadie podría negar la existencia de la sociedad civil.
Por ello, quienes hablan a nombre de esa sociedad civil tendrían primero que convocar a una consulta nacional para que con el concurso de miles o quizá millones de representantes, pudiera conformarse un grupo al que aún con muchas reservas podría llamársele ""representación de la sociedad civil nacional"", en el entendido de que en ella estaría contenida toda la diversidad que como pueblo posee esta nación. Mientras tanto, es difícil que alguien pueda pararse en cualquier lado diciendo que representa a la sociedad civil sin que evidentemente parezca que está mintiendo.
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