“Que los varones y toda la sociedad sepamos reconocer lo que la mujer ha significado en nuestra vida”, aseveró monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de San Cristóbal de Las Casas y administrador apostólico de la Arquidiócesis de Tuxtla.
Lo anterior en el marco de la movilización que se realizará en Tuxtla Gutiérrez relacionada con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, que este año cuenta con el lema “Financiar los derechos de las mujeres: acelerar la igualdad”.
Este es uno de los días en los que las mujeres de Chiapas y del mundo se unirán para exigir sus derechos y denunciar la violencia que sufren. También es un día en el que conmemoran los logros y piden mayor igualdad.
En este contexto, el líder religioso expresó: “Hago una invitación a que sea una marcha en que quieren promover sus derechos, el reconocimiento de la mujer, en la vida familiar, en la vida laboral, en la vida social; no necesitan de violencia para poder defender sus derechos”.
Y agregó que es necesario que “los varones y toda la sociedad sepamos reconocer lo que la mujer ha significado en nuestra vida: nuestra mamá, nuestra hermana, nuestras tías, las religiosas, las personas catequistas que nos han ayudado en la fe y en el caminar cristiano y en el caminar social, en tantos ámbitos”.
Hizo hincapié al afirmar “que sepamos convivir en esa realidad, varones y mujeres, y que procuremos la paz en esa marcha”. En este contexto, dio a conocer que en el mensaje relacionado con la cuaresma, “los obispos de México hemos exhortado a los fieles a ser conscientes de los grandes desafíos que enfrenta el país, tales como la violencia, la pobreza, las desigualdades, la corrupción y la impunidad, entre otros”. Como pastores, sostuvo monseñor Aguilar Martínez, “como pueblo creyente no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo, especialmente de los migrantes y los desplazados, que viven un verdadero éxodo buscando oportunidades y huyendo de diversas esclavitudes”.
Este tiempo de “conversión es propicio para renovar nuestra fe para saciar nuestra sed con el agua viva de la esperanza, de tal manera que podamos recibir con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo”.












