Sorry Mr. Calderón

"No tengo 60 votos en el Congreso, respondió el presidente estadounidense, Barack Obama, a su homólogo mexicano, Felipe Calderón, cuando éste volvió a insistir en una reforma migratoria integral que saque de las sombras y millones de indocumentados. El entorno político en el país vecino no daba para más. México, entonces, tendría que ampliar su perspectiva y desarrollar una agenda bilateral que funcione para algo más que la cooperación en materia de seguridad.

Otra vez, como en los tiempos de George Bush y Vicente Fox, la seguridad ocupó la mayor atención entre los funcionarios de ambos países. Sin embargo, la lección que puede aprenderse en esta ocasión es que también dentro de lo monotemático se pueden ampliar los horizontes. De la reunión entre Calderón y Obama resultaron cuatro nuevos enfoques para combatir al crimen organizado, entre ellos la protección de los derechos humanos, la participación activa de la sociedad civil, la construcción de comunidades con mayor cohesión social, reducción del uso de drogas ilícitas y la búsqueda de alternativas para los jóvenes que nutren a los cárteles como carne de cañón.

El cambio en la estrategia, que ahora sí incluye una perspectiva social y de salud, brinda a México un ejemplo de que hay márgenes de maniobra incluso en los asuntos que parecen más inamovibles. Hasta hace unos años habría sido difícil creer que Estados Unidos admitiera el fracaso de la ""guerra"" antidrogas basada en el combate a la oferta en vez del consumo.

øCómo trasladar esta capacidad de cambio hacia otros asuntos que tanto interesan a México como el de la migraciónú Para empezar, se debe tener un diagnóstico claro de las razones por las que hasta ahora no ha avanzado. Emitir enjundiosos discursos públicos hacia la clase política de aquella nación quizá aplaca ánimos de las organizaciones de migrantes allá y de opositores aquí, pero eso ha probado servir de muy poco en los últimos 10 años. Los 60 votos legislativos a los que se refería el presidente Obama serán muy complicados de conseguir cuando 60 por ciento de los estadounidenses se manifiesta a favor de la ley xenofóbica en Arizona.

Luego entonces sería mejor centrar los esfuerzos diplomáticos en hacer una labor de cabildeo directa y constante dentro de las cámaras legislativas estadounidenses y los sectores políticos, sociales y económicos que puedan ser afines a la causa mexicana, del mismo modo como se hizo antes de conseguir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Así, las cumbres podrían servir para tratar otros temas, tal vez no tan vistosos, pero sí con más posibilidades de acuerdos entre ambos países. (El Universal)

"