Sugieren potenciar el uso de árboles nativos

La flora citadina ayuda a reducir el calor. Diego Pérez / CP
La flora citadina ayuda a reducir el calor. Diego Pérez / CP

El integrante de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn), Manuel Rivera Jaramillo, destacó los beneficios del arbolado en los espacios urbanos, sin embargo, explicó la importancia de concientizar para que los árboles que decoren la ciudad sean nativos y pensados en potenciar los beneficios que abona al ser humano y al ecosistema.

En una charla magistral en conmemoración de los 72 años del Jardín Botánico “Dr. Faustino Miranda”, el investigador enlistó los múltiples beneficios que trae el arbolado en los paisajes urbanos.

El arbolado aporta confort e invita a la permanencia de un lugar, además de facilitar y hacer más placentera la estancia, la cual, aclaró, no sólo es humana. “Sobre todo la estancia de animales migratorios, o para el hábitat de otras especies, que lo usan como percha, para comestibles y sobre todo para la anidación de aves”.

“Es una idea difícil de entender, porque las ciudades rompen con el espacio natural y aíslan a las especies, al grado de llevarlas a la extinción”, prosiguió el ingeniero.

Destacó que se ha trabajado en proyectos con el Ayuntamiento para que las reforestaciones se realicen en sitios donde existen fuertes rupturas de ecosistemas, con la finalidad de que estas sirvan de puentes para que organismos vivos se trasladen de un sitio a otro.

Reguladores de ruido

Otra de sus investigaciones en la ciudad concluyó en que los árboles sirven como grandes regularizadores de ruidos.

“El estudio se realizó con micrófonos, y en las zonas donde había más arboles, los decibeles bajaron significativamente”, sustentó el funcionario.

Además de servir como reguladores de temperatura, atrapando el calor, “es como tener sombrillas de varias capas, donde el calor se conserva en la parte superior; y cuando llueve también retiene parte del líquido, dándonos tiempo para resguardarnos”, aclaró.

Rivera Jaramillo explicó que por la parte humana, la flora es una gran conservadora y transmisora de conocimientos y valores culturales.

Sobre la importancia de la planeación, dijo que es imprescindible que esté bien consultada y adecuada al espacio que va a ocupar y ejemplificó: “En la calle Central los árboles son fotografiados durante 15 días, el resto del año estamos sufriendo, porque no hay espacio para árboles de grandes dimensiones, afectando el levantamiento de banquetas y el desplazamiento urbano”.

Los espacios verdes, reiteró, invitan a caminar y llenan el hueco que nos remite al origen humano de cuando nos encontrábamos en las selvas.

Sin embargo, sustentó que cada paisaje debe corresponder a especies propias del entorno. Llamó a no ser malinchistas y elegir floras nativas, y no sólo seleccionarlas porque están bonitas.